Hombros

eenciso

Poeta fiel al portal
Sin la espera que nos deje,
sin el ahogo que el alma nos oxigene,
ni la tristeza que nos regale triunfo,
vuelo por debajo de lo que soy.
Soy, el silencio de mi tristeza y mi gorra.

Repito las crestas secas del verano,
cada nuevo día llega como el ajedrez,
regreso por los bolsillos del viento en otoño,
imagino la silla donde reciba mi vejez,
es una redundancia de los sentimientos,
las mismas piezas y movimientos.

El calendario se devora y resurge
como una bacteria primitiva
que ante mí encumbran una muralla
impertérrita, inmensa y vacía…
nadie atiende al llamado,
esperamos con la infancia en el cesto…

Repito, las quenas del invierno
silbando penas por glorias minúsculas,
el rebose de la primavera sin abundancias
en un círculo de colores que disfrazan al gris.
Mis quejas atraen la soledad, la melancolía,
forman un compuesto deforme que
crece sobre los hombros del hombre. Y crece, y nos achica.

¿Para qué desde niños añoramos llegar a ser adultos?

¿Para, esto?
 
Última edición:
Sin la espera que nos deje,
sin el ahogo que el alma nos oxigene,
ni la tristeza que nos regale triunfo,
vuelo por debajo de lo que soy.
Soy, el silencio de mi tristeza y mi gorra.

Repito las crestas secas del verano,
cada nuevo día llega como el ajedrez,
regreso por los bolsillos del viento en otoño,
imagino la silla donde reciba mi vejez,
es una redundancia de los sentimientos,
las mismas piezas y movimientos.

El calendario se devora y resurge
como una bacteria primitiva
que ante mí encumbran una muralla
impertérrita, inmensa y vacía…
nadie atiende al llamado,
esperamos con la infancia en el cesto…

Repito, las quenas del invierno
silbando penas por glorias minúsculas,
el rebose de la primavera sin abundancias
en un círculo de colores que disfrazan al gris.
Mis quejas atraen la soledad, la melancolía,
forman un compuesto deforme que
crece sobre los hombros del hombre. Y crece, y nos achica.

¿Para qué desde niños añoramos llegar a ser adultos?

¿Para, esto?
Ciertamente melancólico y casi angustioso poema en su languido contenido, la vida no perdona y nadie se libra de sufrir cuando toca. Me ha gustado amigo eenciso. Un abrazo. Paco.
 
Sin la espera que nos deje,
sin el ahogo que el alma nos oxigene,
ni la tristeza que nos regale triunfo,
vuelo por debajo de lo que soy.
Soy, el silencio de mi tristeza y mi gorra.

Repito las crestas secas del verano,
cada nuevo día llega como el ajedrez,
regreso por los bolsillos del viento en otoño,
imagino la silla donde reciba mi vejez,
es una redundancia de los sentimientos,
las mismas piezas y movimientos.

El calendario se devora y resurge
como una bacteria primitiva
que ante mí encumbran una muralla
impertérrita, inmensa y vacía…
nadie atiende al llamado,
esperamos con la infancia en el cesto…

Repito, las quenas del invierno
silbando penas por glorias minúsculas,
el rebose de la primavera sin abundancias
en un círculo de colores que disfrazan al gris.
Mis quejas atraen la soledad, la melancolía,
forman un compuesto deforme que
crece sobre los hombros del hombre. Y crece, y nos achica.

¿Para qué desde niños añoramos llegar a ser adultos?

¿Para, esto?
Añorar ese instinto, fortalecer las esencias que llamaron
y luego no ver el instante del abundante amor, se recrea
asi una voluntad que deja prendido antema de tristeza.
saludos amables de luzyabsenta
 

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