Pensar no puedo una humanidad
sin bolas, esa expresión cabal
de la imprecisa esfericidad,
sean de tenaz cuero animal,
cristalina transparencia, muelle
caucho o de algún otro material.
¡Qué trascendentales son las bolas!,
estén densas o de aire preñadas;
ya pequeñas, medianas o grandes,
sean perfectamente alisadas
o de rugosas convexidades,
mueven pasiones insospechadas.
Atraen dineros a raudales,
dan pie a las peñas y sociedades;
también diarios, revistas y anales,
profesiones y universidades
y son la causa de muchos males,
motines e irregularidades.
Por las bolas se edifican canchas
y estadios de soberbios perfiles;
se sienten las masas a sus anchas;
hay festejos, risas y desfiles,
también penas, muertes y revanchas,
dándose los heridos por miles.
En muchos deportes es normal
que se pongan bolas o balones,
sea por delante o al final,
del nombre de sus ocupaciones,
en inglés o en español, da igual
si en uno o el otro los menciones.
Otros hay que no las han incluido,
pero que por bolas y pelotas
pudieron haberse constituido;
ya les den con palas o con botas,
o con las manos esté estatuido,
que con ellas lanzas y rebotas.
Para cualquier terrenal especie,
el juguete son por excelencia,
y no hay niño alguno que se precie
que se resista ante su presencia,
y un vacío habrá que se le aprecie
al que no las tuvo en su existencia.
Por ellas las naciones se humillan,
se insultan las rivales ciudades;
las previas amistades se astillan,
se transforman las humanidades;
los debidos modales se orillan
y alguno pierde sus heredades.
Ellas son el acto de lo que es;
son la causa eficiente y final
y la potencia de lo que no es;
el noúmeno y ente total,
y por eso he querido esta vez,
a las bolas darles su sitial.
sin bolas, esa expresión cabal
de la imprecisa esfericidad,
sean de tenaz cuero animal,
cristalina transparencia, muelle
caucho o de algún otro material.
¡Qué trascendentales son las bolas!,
estén densas o de aire preñadas;
ya pequeñas, medianas o grandes,
sean perfectamente alisadas
o de rugosas convexidades,
mueven pasiones insospechadas.
Atraen dineros a raudales,
dan pie a las peñas y sociedades;
también diarios, revistas y anales,
profesiones y universidades
y son la causa de muchos males,
motines e irregularidades.
Por las bolas se edifican canchas
y estadios de soberbios perfiles;
se sienten las masas a sus anchas;
hay festejos, risas y desfiles,
también penas, muertes y revanchas,
dándose los heridos por miles.
En muchos deportes es normal
que se pongan bolas o balones,
sea por delante o al final,
del nombre de sus ocupaciones,
en inglés o en español, da igual
si en uno o el otro los menciones.
Otros hay que no las han incluido,
pero que por bolas y pelotas
pudieron haberse constituido;
ya les den con palas o con botas,
o con las manos esté estatuido,
que con ellas lanzas y rebotas.
Para cualquier terrenal especie,
el juguete son por excelencia,
y no hay niño alguno que se precie
que se resista ante su presencia,
y un vacío habrá que se le aprecie
al que no las tuvo en su existencia.
Por ellas las naciones se humillan,
se insultan las rivales ciudades;
las previas amistades se astillan,
se transforman las humanidades;
los debidos modales se orillan
y alguno pierde sus heredades.
Ellas son el acto de lo que es;
son la causa eficiente y final
y la potencia de lo que no es;
el noúmeno y ente total,
y por eso he querido esta vez,
a las bolas darles su sitial.
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