Asklepios
Incinerando envidias
Prometiste,
al final del cuento,
tus sonrisas.
Parabas,
al igual que el abuelo,
en los sucesos más interesantes.
!Me impacientaba doblemente!
Leías,
como si el enamorado príncipe fueras tú mismo,
y era yo quien eclosionaba.
El ronroneo de mi cansancio
aterrizaba entre la lenta gama de tus vocablos, que,
se por sí,
eran aquellas prometidas sonrisas.
!Divina nocturnidad de infancia
que te llora ya crecida!
al final del cuento,
tus sonrisas.
Parabas,
al igual que el abuelo,
en los sucesos más interesantes.
!Me impacientaba doblemente!
Leías,
como si el enamorado príncipe fueras tú mismo,
y era yo quien eclosionaba.
El ronroneo de mi cansancio
aterrizaba entre la lenta gama de tus vocablos, que,
se por sí,
eran aquellas prometidas sonrisas.
!Divina nocturnidad de infancia
que te llora ya crecida!