Estábamos locos, y todo se hizo sencillo
y reíamos, y nos agachábamos
para lanzarnos verdades
para descubrir que eramos dioses
y nuestro único santo aquella noche,
el único que sabía la verdad
era un perro dormido
al que tuvimos que despertar .
Y supimos que una piedra
la había hecho una farola
con tal de demostrarle al mundo
como era capaz de iluminar
y de dar sombra.
Y fue sencillo darnos cuenta
de que somos un grano de arena
y que a la vez somos el universo.
Que somos dioses de un universo que hemos creado
y nuestro cuerpo es solo un enviado
del dios que somos.
Cuanta grandilocuencia.
Y los suicidas y los depresivos
eran dioses que no aceptaban su propio mundo
que no eran aceptados en su propio mundo
y fue sencillo todo al darnos cuenta
de lo poco que hacía falta para elevar a alguien
desde los pozos de la desesperación
a los altares del universo.
Fue una noche de revelaciones
que nos contábamos como dioses
como una gran sorpresa
como una gran verdad
que se revelaba ante nosotros.
Y juro que le haré un altar a mi hígado
después de lo de anoche.
Tantísimo alcohol en una noche
tan dedicada a ser el universo
a ser dios y crear el universo.
Y tras tantas revelaciones
tan solo pudimos pensar
que era una lástima
que solo con vodka
hubiéramos podido
arrasar todos los muros
tirarlos abajo
y volar las paredes del laberinto
por el que circula la vida.
Ya no buscábamos el centro;
en menos de 3 horas lo habíamos sobrevolado
y ahora campábamos a nuestras anchas
en la puerta del laberinto interno, en la puerta del paraíso
viendo en el horizonte los campos limpios
sin los muros de nuestro pesar diario
y tan solo nos quedó brindar por la vida.
y reíamos, y nos agachábamos
para lanzarnos verdades
para descubrir que eramos dioses
y nuestro único santo aquella noche,
el único que sabía la verdad
era un perro dormido
al que tuvimos que despertar .
Y supimos que una piedra
la había hecho una farola
con tal de demostrarle al mundo
como era capaz de iluminar
y de dar sombra.
Y fue sencillo darnos cuenta
de que somos un grano de arena
y que a la vez somos el universo.
Que somos dioses de un universo que hemos creado
y nuestro cuerpo es solo un enviado
del dios que somos.
Cuanta grandilocuencia.
Y los suicidas y los depresivos
eran dioses que no aceptaban su propio mundo
que no eran aceptados en su propio mundo
y fue sencillo todo al darnos cuenta
de lo poco que hacía falta para elevar a alguien
desde los pozos de la desesperación
a los altares del universo.
Fue una noche de revelaciones
que nos contábamos como dioses
como una gran sorpresa
como una gran verdad
que se revelaba ante nosotros.
Y juro que le haré un altar a mi hígado
después de lo de anoche.
Tantísimo alcohol en una noche
tan dedicada a ser el universo
a ser dios y crear el universo.
Y tras tantas revelaciones
tan solo pudimos pensar
que era una lástima
que solo con vodka
hubiéramos podido
arrasar todos los muros
tirarlos abajo
y volar las paredes del laberinto
por el que circula la vida.
Ya no buscábamos el centro;
en menos de 3 horas lo habíamos sobrevolado
y ahora campábamos a nuestras anchas
en la puerta del laberinto interno, en la puerta del paraíso
viendo en el horizonte los campos limpios
sin los muros de nuestro pesar diario
y tan solo nos quedó brindar por la vida.