La Corporación
Poeta veterano
Evaristo Corumelo,
13, Julio del año I de la Mariguana
(Alexia fue una de nuestras musas del Portal.
Antes se llamaba así, ahora no me acuerdo, cambia mucho)
Querida Alexia
¿para qué ir más allá?
Sinceramente, no creo que tengamos en común
nada más que un alma podrida, candente;
¿para qué más allá?
si estamos hablando de poesía
y sólo soy capaz de mirarte las tetas,
imaginar como te follaría
mientras los perros aúllan fuera,
envidiosos de tanta carne.
Tú recitabas emocionada unos poemas
que ni siquiera escribí para ti,
los tenía en el bolsillo equivocado
y los encontraste buscando lo prometido.
Pero te vi tan feliz,
que fui incapaz de detener un poco el tiempo
para subirte la falda, liberar tus pechos
y mi alma, de la pesada resaca de la culpa:
los seres que imaginabas
sólo eran figuras imposibles en el tiempo.
Me abro otra cerveza y te sonrío
-continúa por favor, digo,
recitas tan lindo.
Y pienso ¿qué querrán decir esos versos
que tanto le gustan?
Los escribí borracho, desesperado.
Tú intentando interpretar
lo que no tiene sentido y yo con estas maletas
¿para qué vamos a ir más allá?
Salí a la calle,
te dije: - voy a comprar tabaco,
y me perdí entre el ruido de las calles
unas vez más,
pasaron doce años creo,
subí las escaleras cuando
recitabas la última estrofa
y te aplaudí frenéticamente;
rompí tu camisa, tus bragas
haciendo honor a Neruda:
la verdad nunca está más allá
de unos malditos versos.
Roger Nelson
13, Julio del año I de la Mariguana
(Alexia fue una de nuestras musas del Portal.
Antes se llamaba así, ahora no me acuerdo, cambia mucho)
Querida Alexia
¿para qué ir más allá?
Sinceramente, no creo que tengamos en común
nada más que un alma podrida, candente;
¿para qué más allá?
si estamos hablando de poesía
y sólo soy capaz de mirarte las tetas,
imaginar como te follaría
mientras los perros aúllan fuera,
envidiosos de tanta carne.
Tú recitabas emocionada unos poemas
que ni siquiera escribí para ti,
los tenía en el bolsillo equivocado
y los encontraste buscando lo prometido.
Pero te vi tan feliz,
que fui incapaz de detener un poco el tiempo
para subirte la falda, liberar tus pechos
y mi alma, de la pesada resaca de la culpa:
los seres que imaginabas
sólo eran figuras imposibles en el tiempo.
Me abro otra cerveza y te sonrío
-continúa por favor, digo,
recitas tan lindo.
Y pienso ¿qué querrán decir esos versos
que tanto le gustan?
Los escribí borracho, desesperado.
Tú intentando interpretar
lo que no tiene sentido y yo con estas maletas
¿para qué vamos a ir más allá?
Salí a la calle,
te dije: - voy a comprar tabaco,
y me perdí entre el ruido de las calles
unas vez más,
pasaron doce años creo,
subí las escaleras cuando
recitabas la última estrofa
y te aplaudí frenéticamente;
rompí tu camisa, tus bragas
haciendo honor a Neruda:
la verdad nunca está más allá
de unos malditos versos.
Roger Nelson
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