Mia Galeano
Poeta recién llegado
Una mañana húmeda mientras retozaba en el bosque vió acercarce a su cabeza dos pies gigantes.
Oh! ¿Qué ocurre por acá?
Antes de poder incorporarse escuchó el diálogo absurdo de cuatro pies malolientes.
Esto es un sueño penso mientras intentaba dar volteretas para escabullirse entre las hierbas.
Exhausto y atemorizado quedó tendido por largas horas pensando en lo ocurrido.
Ni bien despuntaron los primeros rayos de sol los pies grandes balbuceaban de nuevo y fue entonces donde comenzo a sentir que sus brazos y piernas ya no lo eran.
¿Qué me sucede? ¿Me he transformado en hormiga?
Ni bien parpadeó vió a las otras hormigas caminar en fila llevando hojas y ramas al hormiguero.
Sin dudarlo imitó todo cuanto veía pero sus pies debían andar de puntillas para no sepultar a ninguna.
Mientras caminaba en línea recta recordó que una vez escuchó decir que solo se ve lo que se necesita y por eso las hormigas veían puntos y líneas.
No supo si necesitaba ver puntos y líneas y ser hormiga o si por los pies gigantes incorporó el concepto de manera sutil.
De una u otra manera se sentía atrapado en la línea divisoria. En la franja que divide los unos de los otros.
En la noche llegó al hormiguero y se propuso entrar a cualquier precio, escavo y escavo y solo logró quedar mitad adentro y mitad afuera.
¿Como anticipar que esto le sucedería? pensaba cada noche.
¿Como transpasar la línea para estar y pertenecer?
No podía decidir con claridad ya que su vida parecía signada por muchos infortunios.
Siguió caminando lentamente en la fila de las hormigas con hojas de parra hasta que sus piernas comenzaron a aflojarse y no pudo mantenerse en puntillas.
Pasó de ser agredido a ser potencial agresor, al igual que los pies grandes y exhausto cayeron sus pies y provocó la muerte de las que día a día vió caminar junto a él.
Se sintió vencido, desdichado, ausente de toda realidad posible y comenzó a llorar al lado del hormiguero balbuceando diferentes idiomas en el intento fallido de pedir perdón a las hormigas.
Fueron tantas las gotas que se inundó todo y ellas salían despedidas como ráfagas de misiles.
Ahí dijo definitivamente basta! Se levantó con cautela pero firme. Miró hacia todos lados y descendió hasta el lago, se miró un rato largo, observó cada detalle de su cara sucia y rompiendo el mito de Narciso pegó media vuelta e inició la peregrinación cuesta arriba para enfrentar lo que nunca había podido.
Agotado y en lo alto la perspectiva era diferente y recién ahí asumió no ser vencedor ni vencido y cada vez que pudo volvió al lugar que lejos de matarlo le enseñó a volar.
Mia Galeano
Oh! ¿Qué ocurre por acá?
Antes de poder incorporarse escuchó el diálogo absurdo de cuatro pies malolientes.
- Te dije que ese veneno era ineficaz para las hormigas
[*]Bah, son solo tres o cuatro que quedaron excluídas, ve a descanzar.
Esto es un sueño penso mientras intentaba dar volteretas para escabullirse entre las hierbas.
Exhausto y atemorizado quedó tendido por largas horas pensando en lo ocurrido.
Ni bien despuntaron los primeros rayos de sol los pies grandes balbuceaban de nuevo y fue entonces donde comenzo a sentir que sus brazos y piernas ya no lo eran.
¿Qué me sucede? ¿Me he transformado en hormiga?
Ni bien parpadeó vió a las otras hormigas caminar en fila llevando hojas y ramas al hormiguero.
Sin dudarlo imitó todo cuanto veía pero sus pies debían andar de puntillas para no sepultar a ninguna.
Mientras caminaba en línea recta recordó que una vez escuchó decir que solo se ve lo que se necesita y por eso las hormigas veían puntos y líneas.
No supo si necesitaba ver puntos y líneas y ser hormiga o si por los pies gigantes incorporó el concepto de manera sutil.
De una u otra manera se sentía atrapado en la línea divisoria. En la franja que divide los unos de los otros.
En la noche llegó al hormiguero y se propuso entrar a cualquier precio, escavo y escavo y solo logró quedar mitad adentro y mitad afuera.
¿Como anticipar que esto le sucedería? pensaba cada noche.
¿Como transpasar la línea para estar y pertenecer?
No podía decidir con claridad ya que su vida parecía signada por muchos infortunios.
Siguió caminando lentamente en la fila de las hormigas con hojas de parra hasta que sus piernas comenzaron a aflojarse y no pudo mantenerse en puntillas.
Pasó de ser agredido a ser potencial agresor, al igual que los pies grandes y exhausto cayeron sus pies y provocó la muerte de las que día a día vió caminar junto a él.
Se sintió vencido, desdichado, ausente de toda realidad posible y comenzó a llorar al lado del hormiguero balbuceando diferentes idiomas en el intento fallido de pedir perdón a las hormigas.
Fueron tantas las gotas que se inundó todo y ellas salían despedidas como ráfagas de misiles.
Ahí dijo definitivamente basta! Se levantó con cautela pero firme. Miró hacia todos lados y descendió hasta el lago, se miró un rato largo, observó cada detalle de su cara sucia y rompiendo el mito de Narciso pegó media vuelta e inició la peregrinación cuesta arriba para enfrentar lo que nunca había podido.
Agotado y en lo alto la perspectiva era diferente y recién ahí asumió no ser vencedor ni vencido y cada vez que pudo volvió al lugar que lejos de matarlo le enseñó a volar.
Mia Galeano
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