Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por la ruta que he perdido
yace la fortuna de los cardos,
la mano atinada que siembra
en las lámparas del frío,
entre hordas de miradas que encallan
junto a las manadas de la sed.
Aquí, sobre el humo herido
Se ha quebrado la secuencia del olvido,
su ruido de siervos de nieve y vigilancia,
pero es otra música
la que en soledad
se vierte al dormitar.
Su orador reciente,
en los impares verdes del celaje,
limpia los refugios en desuso,
la mañana inconsciente en las raíces desprovistas.
Hacia su ofrenda cavan
formas y trastienda que magullan
piedras heridas, vértebras del agua creciente
hasta la cautela que acopia
los temblores del otoño, las edades del sol,
el gesto temprano en el sopor de finas melodías.
Otra vez, por una llamarada de franqueza,
se dobla el solitario porvenir y un abrigo
tejido de pardo invierno
recoje sus hilos de los cauces y se escribe
en los templados residuos del vapor
su inicial de hospitalidad reciente.
yace la fortuna de los cardos,
la mano atinada que siembra
en las lámparas del frío,
entre hordas de miradas que encallan
junto a las manadas de la sed.
Aquí, sobre el humo herido
Se ha quebrado la secuencia del olvido,
su ruido de siervos de nieve y vigilancia,
pero es otra música
la que en soledad
se vierte al dormitar.
Su orador reciente,
en los impares verdes del celaje,
limpia los refugios en desuso,
la mañana inconsciente en las raíces desprovistas.
Hacia su ofrenda cavan
formas y trastienda que magullan
piedras heridas, vértebras del agua creciente
hasta la cautela que acopia
los temblores del otoño, las edades del sol,
el gesto temprano en el sopor de finas melodías.
Otra vez, por una llamarada de franqueza,
se dobla el solitario porvenir y un abrigo
tejido de pardo invierno
recoje sus hilos de los cauces y se escribe
en los templados residuos del vapor
su inicial de hospitalidad reciente.
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