Évano
Libre, sin dioses.
Hoy las aguas, arenas, y luces,
calmas meciendo el hoy decaído,
sosegando los pasos de verde
y azul celeste de otro final.
En los ojos el brillo de las rocas
clavadas en las aguas del ayer.
La sal tendida en la toalla,
el cuerpo húmedo, vivo, al aire,
y la niñez tratando de abarcar
el mar del horizonte, el infinito.
Ingenua maravilla, ahora que se piensa
desde dentro de la costra del tiempo.
Gritos, chapoteos, tumulto de niños,
Infatigable alegría intentando volver
a romper la tristeza del mundo de hoy.
¡Y mi perro, cómo corre por la orilla!
Como yo, cuando era parte de la vida.
Cógela, perro mío, coge mi infancia y vuela
por las orillas olvidadas del tiempo,
y ve rompiendo los castillos de arena
que vayas encontrando con tu veloz inocencia,
que no duelan tanto aquí dentro.
El pelo al aire del perro mío, y el vello
de mi cuerpo cansado queriendo
traspasar la costra del tiempo maldito.
Cicatrices las piedras, y la arena,
la sal del hormigón, y las aguas,
ya no calmas, sino muertas.
Sigue ladrando amigo mío,
sigue ladrando, a ver si llega tu voz
hasta esa infancia de arenas, luces y aguas.
Y si puedes, diles, que no crezcan jamás.
calmas meciendo el hoy decaído,
sosegando los pasos de verde
y azul celeste de otro final.
En los ojos el brillo de las rocas
clavadas en las aguas del ayer.
La sal tendida en la toalla,
el cuerpo húmedo, vivo, al aire,
y la niñez tratando de abarcar
el mar del horizonte, el infinito.
Ingenua maravilla, ahora que se piensa
desde dentro de la costra del tiempo.
Gritos, chapoteos, tumulto de niños,
Infatigable alegría intentando volver
a romper la tristeza del mundo de hoy.
¡Y mi perro, cómo corre por la orilla!
Como yo, cuando era parte de la vida.
Cógela, perro mío, coge mi infancia y vuela
por las orillas olvidadas del tiempo,
y ve rompiendo los castillos de arena
que vayas encontrando con tu veloz inocencia,
que no duelan tanto aquí dentro.
El pelo al aire del perro mío, y el vello
de mi cuerpo cansado queriendo
traspasar la costra del tiempo maldito.
Cicatrices las piedras, y la arena,
la sal del hormigón, y las aguas,
ya no calmas, sino muertas.
Sigue ladrando amigo mío,
sigue ladrando, a ver si llega tu voz
hasta esa infancia de arenas, luces y aguas.
Y si puedes, diles, que no crezcan jamás.