Susana Lorente
Poeta recién llegado
Sin saber nada de la vida
veo como se aleja el mar a pesar de mi insistencia en alcanzarle,
siento como me hundo hacia el infierno
donde el limbo hace de la nostalgia
la incertidumbre del flagelo en la oscuridad del viento,
pero también el túnel que da cobijo al frescor de la mañana,
aún en el medio día, en el que el sol descansa sobre un atril de luz.
Camino en el crujir de las hojas, el tacto de la reja,
me aferro, como se aferra el condenado a la prisión que le libera.
Te veo al otro lado y me doy cuenta de que no soy la que buscas,
y te siento ajeno, porque quiero hacer de mí lo que nos separa.
Quieres que negocie con los fantasmas que me acompañan,
y que escape hacia el beso humano que aniquiló
a los amantes vibrando por un vuelo de placer.
Quieres ser Dios en mis entrañas,
regocijarte del mundo sin vacío,
en un corredor que lleva el tránsito de la cordura,
sin llegar a ninguna puerta.
Me matarías sin piedad, violarías lo inviolable
solo para borrar el trazo de mi nombre,
profanarías mi cuerpo pensando que con eso
alcanzas las más altas cumbres de los Andes por amor.
Pero hoy, te voy a cuidar de mi,
y aunque sea el cuerpo de la mujer
al que vuelca la eternidad su esperanza,
no te daré la vida,
te resucitaré con un plato vacío frente al que esperas
en los ojos entornados del que entrega su goce,
con el fuego llamándote a las espaldas
en el nacimiento del poema.
Un día cuando Dios te acompañe,
otro, cuando el tiempo recaiga en la losa inscripta del porvenir,
me odiarás con el miedo del que zarpa aceptando una guerra
que sin saber hizo suya.
Y entonces me preguntarás porqué tanto odio
si nunca te prometí los ángeles,
si nunca te pedí nada cuando el mundo era el temblor
de una libertad sexual que sucumbió a la inexistencia.
Me cortaría los dedos solo por ser la sombra de tu felicidad,
pero hoy ya no puedo renunciar a tu ilusión,
y te pienso llegando en el instante
de penetrar mi cuerpo de mujer enamorada y proclive a la profanación,
en la que encuentras la generosidad del que escucha.
Mi gracia es tu futuro, mi deseo tu sexo abierto al sol,
mi corazón un fragmento de página rota por la palabra.
Susana Lorente
veo como se aleja el mar a pesar de mi insistencia en alcanzarle,
siento como me hundo hacia el infierno
donde el limbo hace de la nostalgia
la incertidumbre del flagelo en la oscuridad del viento,
pero también el túnel que da cobijo al frescor de la mañana,
aún en el medio día, en el que el sol descansa sobre un atril de luz.
Camino en el crujir de las hojas, el tacto de la reja,
me aferro, como se aferra el condenado a la prisión que le libera.
Te veo al otro lado y me doy cuenta de que no soy la que buscas,
y te siento ajeno, porque quiero hacer de mí lo que nos separa.
Quieres que negocie con los fantasmas que me acompañan,
y que escape hacia el beso humano que aniquiló
a los amantes vibrando por un vuelo de placer.
Quieres ser Dios en mis entrañas,
regocijarte del mundo sin vacío,
en un corredor que lleva el tránsito de la cordura,
sin llegar a ninguna puerta.
Me matarías sin piedad, violarías lo inviolable
solo para borrar el trazo de mi nombre,
profanarías mi cuerpo pensando que con eso
alcanzas las más altas cumbres de los Andes por amor.
Pero hoy, te voy a cuidar de mi,
y aunque sea el cuerpo de la mujer
al que vuelca la eternidad su esperanza,
no te daré la vida,
te resucitaré con un plato vacío frente al que esperas
en los ojos entornados del que entrega su goce,
con el fuego llamándote a las espaldas
en el nacimiento del poema.
Un día cuando Dios te acompañe,
otro, cuando el tiempo recaiga en la losa inscripta del porvenir,
me odiarás con el miedo del que zarpa aceptando una guerra
que sin saber hizo suya.
Y entonces me preguntarás porqué tanto odio
si nunca te prometí los ángeles,
si nunca te pedí nada cuando el mundo era el temblor
de una libertad sexual que sucumbió a la inexistencia.
Me cortaría los dedos solo por ser la sombra de tu felicidad,
pero hoy ya no puedo renunciar a tu ilusión,
y te pienso llegando en el instante
de penetrar mi cuerpo de mujer enamorada y proclive a la profanación,
en la que encuentras la generosidad del que escucha.
Mi gracia es tu futuro, mi deseo tu sexo abierto al sol,
mi corazón un fragmento de página rota por la palabra.
Susana Lorente