salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muy buen soneto.Gracias por escribir,Salerim.
Gracias poeta por leer este humilde soneto.
Un saludo amigo.
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Muy buen soneto.Gracias por escribir,Salerim.
Nunca se muere cuando más queremeos: siempre pensamos lanzarnos al olvido, pero se que cuando el alma pena.... es cuando más queremos revivirla...El hombre muere... pero el poeta....!Nunca!...mi querido poeta.....eres un gran poeta...de esos que no pasaran olvidados en la historia...Mis respetos, mi cariño...por tus magnificos versos.....
muy bien salerino, un pema hermoso, como para recitarlo en un funeral,hermosa composicion, aplausos para ti, pero poeta nunca moriras, la poesia se hace mas grande cuando el poeta muere, y eso sera cuando se apague la luz de tu alma.
abrazos
Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida,luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tu huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordara tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pués habra muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
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::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
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::Crei que nunca llegaría este momento. Este soneto fué hecho cuando crei haber muerto y resucite al instante. Pero hoy lo cuelgo porque definitivamente he muerto. He muerto para muchas cosas, para muchas, pero una de ellas la que dejo aquí plasmada en éste mu último soneto
es para las letras. Conmigo se iran todos los versos, todos los sentimientos, todo lo que senti y siento y se apagará en el tiempo hasta caer en olvido. Esta alma de quien un día creyo importante plasmar sentimientos en letras yace fría y sin consuelo. Hasta la otra vida. Hasta siempre.
Aqui dejo este soneto testimonio de mi verdad.
El alma de un poeta se ha marchado,
vagando por el aire sola y triste,
llevándose los versos que no viste;
su vida, luz, amor tan deseado.
Su risa tan feliz ya se ha callado,
por deshojar la flor que no quisiste,
murió en aquel jardín del que tú huiste
bajo un rosal de amor yace enterrado.
Desde el infierno oscuro de su olvido,
recordará tu amor, que lo has querido,
serán suyos los soplos que recibas.
No llores, tú, por él, reina del cielo,
él yacerá feliz en aquél suelo,
pues habrá muerto, amor, para que vivas.
Manuel Sal Ménéndez
(Salerín)
Nunca se debe decir un adios, nunca y por eso yo no lo digo.
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