Pescador nublado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo no quiero la calma que se supone trae el silencio,
la sensación de la voz que rebota en un rostro que
sin importar cuanto lo vea seguirá siendo extraño.
La ligereza de la que me hablaron los que no avanzaban.
Yo no requiero del ruido blanco de las palabras
de aquellos que me hacen sentir pequeño.
De sus gestos que me esconden la mirada
de alguien que ha hablado con los que tienen los ojos vendados.
Yo no quiero que alguien me diga que las cosas que siento cuando camino
ni que los buenos tiempos se quedaron en los ojos de alguien más.
Que me vendan la necesidad de una verdad armada con retazos
de cómos y porqués que fueron diseñados por alguien que no conozco.
Yo no quiero sentir que los suicidas tenían marcas de nacimiento,
que lo que vieron en sus manos aparezca un día en el espejo.
Que las aves se den cuenta de que aquello que ellas consideran sagrado
lleva años en las manos de los hombres y que ellos no lo han notado.
No quiero que me hables de la forma en que le perdimos el miedo al fuego,
de las cosas que nacieron para permanecer ocultas y que ya extraviamos.
Ni del momento en que cada uno toma lo que fue de dos.
la sensación de la voz que rebota en un rostro que
sin importar cuanto lo vea seguirá siendo extraño.
La ligereza de la que me hablaron los que no avanzaban.
Yo no requiero del ruido blanco de las palabras
de aquellos que me hacen sentir pequeño.
De sus gestos que me esconden la mirada
de alguien que ha hablado con los que tienen los ojos vendados.
Yo no quiero que alguien me diga que las cosas que siento cuando camino
ni que los buenos tiempos se quedaron en los ojos de alguien más.
Que me vendan la necesidad de una verdad armada con retazos
de cómos y porqués que fueron diseñados por alguien que no conozco.
Yo no quiero sentir que los suicidas tenían marcas de nacimiento,
que lo que vieron en sus manos aparezca un día en el espejo.
Que las aves se den cuenta de que aquello que ellas consideran sagrado
lleva años en las manos de los hombres y que ellos no lo han notado.
No quiero que me hables de la forma en que le perdimos el miedo al fuego,
de las cosas que nacieron para permanecer ocultas y que ya extraviamos.
Ni del momento en que cada uno toma lo que fue de dos.
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