Solaribus
Poeta veterano en el portal
Hoy quiero contarte algo diferente. Algo sin sobresaltos, sereno como brisa y pausado como el planeo de un ave o quizás de un barrilete.
No aterrizaré en tierras del amor desolado. No cruzaré el universo en búsqueda de nuevos soles que nazcan cerca del alma. No usaré rimas violentas ni suaves.
Y aunque esto empiece a sonar como rima, verás que pronto vencerá mi ternura más directa, sencilla y sin vueltas.
Hoy quiero que las palabras sean un juego azul de cielo raso imaginario con nubes pintaditas de blanco y arcoiris de cuatro colores tan solo.
Hoy quiero que en este juego que propongo, el mundo, la vida y toda su complejidad se reduzcan a un café con leche con vainillas. A jugar a saltar sobre charcos en la vereda en el otoño y a sacarle la mielcita a las flores de madreselva en el verano.
Hoy estás en mi alma de zoquetes, sin zapatos y queriendo subir la cortina de tu cuarto subida a la cama.
Hoy estás de muñecas, de camisón y de crayones, de acuarelas y palotes. Y de manos sucias de tinta azul de deberes hechos a deshoras.
Hoy las lagrimitas más hondas y profundas son por la lección de San Martín que no podés memorizar. ¡Y es que es tan aburrida la Historia!
La molestia mayor es el silbido del afilador que no te deja dormir la siesta, la misma siesta que retrasa tus deberes del colegio.
Hoy estás jugando con aquél viejo paraguas, abriéndolo a escondidas dentro de la casa y jugando entre las flores con viejos trapos que simulan ser vestidos elegantes de señora grande.
Hoy no falta ninguna amiga a tu té de la tarde y tus bizcochos de barro se lucen como los babyscuits de la abuela. Y el alfajor que cortas en porciones simulando ser esa torta de cumpleaños recién decorada, es un manjar a la vista y al paladar. Y todos aceptan gustosos.
Hoy las estrellas son cascabelitos inocentes y no sufridas confidentes de tristezas.
El Topo Giggio dice que hay que ir a dormir pero vos querés quedarte a ver esa novela.
¡Y bueno! Después de todo, ¿qué hay de malo? Jugar a imaginar el amor y la ternura de pequeña, no es tan malo si una puede jugar por las tardes a cocinarle comiditas de mamá a ese hombre dulce que promete amor verdadero.
Hoy he abandonado mi eterna soledad y me he marchado a buscar a esa niña que me espera, con tacitas de plástico y me cocina comiditas de mamá.
Hoy he dejado mis llaves y mi registro de conducir sobre la mesa me puse mi campera de corderoy con pitucones y salí de once años a buscarte por las calles, calles que ni conozco, pero no me importa porque sé que estás en algún lugar de allá afuera.
Y aunque regrese cansado y de cuarenta y tantos, y me haya acostumbrado a vivir dentro de un espejo, no pienso en desanimarme, porque sé que estás siempre esperándome allá afuera.
Y pese a todo, luego de todo, y a la vuelta de los años te encontraré subida a un sulky de juguete y completaré esa escena, siendo ese cochero que siempre intuiste que te hacía falta para llevarte a pasear por todo el vecindario.

No aterrizaré en tierras del amor desolado. No cruzaré el universo en búsqueda de nuevos soles que nazcan cerca del alma. No usaré rimas violentas ni suaves.
Y aunque esto empiece a sonar como rima, verás que pronto vencerá mi ternura más directa, sencilla y sin vueltas.
Hoy quiero que las palabras sean un juego azul de cielo raso imaginario con nubes pintaditas de blanco y arcoiris de cuatro colores tan solo.
Hoy quiero que en este juego que propongo, el mundo, la vida y toda su complejidad se reduzcan a un café con leche con vainillas. A jugar a saltar sobre charcos en la vereda en el otoño y a sacarle la mielcita a las flores de madreselva en el verano.
Hoy estás en mi alma de zoquetes, sin zapatos y queriendo subir la cortina de tu cuarto subida a la cama.
Hoy estás de muñecas, de camisón y de crayones, de acuarelas y palotes. Y de manos sucias de tinta azul de deberes hechos a deshoras.
Hoy las lagrimitas más hondas y profundas son por la lección de San Martín que no podés memorizar. ¡Y es que es tan aburrida la Historia!
La molestia mayor es el silbido del afilador que no te deja dormir la siesta, la misma siesta que retrasa tus deberes del colegio.
Hoy estás jugando con aquél viejo paraguas, abriéndolo a escondidas dentro de la casa y jugando entre las flores con viejos trapos que simulan ser vestidos elegantes de señora grande.
Hoy no falta ninguna amiga a tu té de la tarde y tus bizcochos de barro se lucen como los babyscuits de la abuela. Y el alfajor que cortas en porciones simulando ser esa torta de cumpleaños recién decorada, es un manjar a la vista y al paladar. Y todos aceptan gustosos.
Hoy las estrellas son cascabelitos inocentes y no sufridas confidentes de tristezas.
El Topo Giggio dice que hay que ir a dormir pero vos querés quedarte a ver esa novela.
¡Y bueno! Después de todo, ¿qué hay de malo? Jugar a imaginar el amor y la ternura de pequeña, no es tan malo si una puede jugar por las tardes a cocinarle comiditas de mamá a ese hombre dulce que promete amor verdadero.
Hoy he abandonado mi eterna soledad y me he marchado a buscar a esa niña que me espera, con tacitas de plástico y me cocina comiditas de mamá.
Hoy he dejado mis llaves y mi registro de conducir sobre la mesa me puse mi campera de corderoy con pitucones y salí de once años a buscarte por las calles, calles que ni conozco, pero no me importa porque sé que estás en algún lugar de allá afuera.
Y aunque regrese cansado y de cuarenta y tantos, y me haya acostumbrado a vivir dentro de un espejo, no pienso en desanimarme, porque sé que estás siempre esperándome allá afuera.
Y pese a todo, luego de todo, y a la vuelta de los años te encontraré subida a un sulky de juguete y completaré esa escena, siendo ese cochero que siempre intuiste que te hacía falta para llevarte a pasear por todo el vecindario.
