I
Sumergida en mis propios pensamientos.
Divagando entre el grito y el silencio,
no diserto a favor ni en contra vuestro;
no comparo, ni claudico -por supuesto-
sólo espero...
Quizá no sea una señal especial la que me hace falta.
Quizá sólo sea un sol asomándose por mi ventana...
Quizá sea un rosal, mas no de rosas rancias,
lo que a mi fe-ya no temprana-
permita vaciar sus ansias
y sus ganas...
II
De fiesta se ha ido una vez más la esperanza,
de luces se vistió al fin la primavera;
y partieron a encontrarse, sin más espera,
con el halo azul de una nube que las invitó a bailar su danza...
Lleváronse mi corcel, en acto por demás escurridizo,
lleváronse mi mejor pincel entre sus naturales rizos;
y calculadoramente infiel, la fe se hizo,
llevándose mi ilusión, ¡nunca me quiso!...
III
Es el calor de tus besos,
lo que me mantiene alerta;
es el recuerdo de tus labios,
lo que me transforma, en oportuna y cierta...
Es la tibia luz de tus ojos oscuros,
lo que a mi alma despierta
¡Por Dios lo juro!
IV
Acunada en el espacio de los listones rojos,
yacía una crucecita de palo, que hoy fungirá como cerrojo.
Una callada mirada, dirán tus ojos...
Una palabra menguada callará tu arrojo...
V
¡Basta ya de volteretas!...
Qué bien me vendría ya,
un par de marionetas
para salir a representar,
la vida y muerte del poeta...
VI
No sé qué buscas.
No sé qué quieras.
Llegas, y me asusta,
tus intrigantes maneras.
Usas tu pluma como una fusta.
Y yo, no seré buena coplera;
pero soy yegua resabía, que cuando relincha,
a galope vivo se desenfrena...
No sé qué buscas con esta contienda.
Ni sé qué quieres ver entre candilejas;
Has de saber que no escondo lo que me acompleja,
pero no enseño más de lo que me convenga...
Si la vida para ti es un mar de leva;
Para mi es algo así como un tirón de orejas...
Si la vida para ti, es como un fruto maduro,
yo ya me lo comí y hasta perdí el gusto...
No debes pedir tantas explicaciones,
a quien no puede darte motivaciones...
Si la sal es lo que te gusta comer de postre,
debes saber que la uso en el umbral de mis escotes...
No me gusta jugar un juego absurdo,
en donde perder es mejor que ganar con subterfugios.
Yo prefiero la paz, y la esperanza abierta.
Palabra cierta siempre será mi apuesta...
No me gusta picar,
ni que me piquen;
si nada tenemos que hablar,
¿para qué insistes?.
Quédate donde estás,
que yo estoy triste
y mi palabra es sólo el mar
que me resiste...
VII
Sellada con soles rojos,
la tarde que parecía perfecta,
murió entregando a la oscura noche, risas y penas...
Cansada la luna llena,
espera siempre el nuevo día;
las mismas luchas,
las mismas alegrías,
y ¡¿qué hay de ella?!...
Cuánto tardará la brisa,
en juntarle nubes y estrellas.
Cuándo el lucero, en su cornisa,
caiga entre sus mareas...
Dónde la vida tímida,
le entregará presea...
Y aún sin respuestas, siempre la luna brilla,
cuando el poeta la piensa.
Y siempre la luna será mía,
aunque se la ofrezcas a ella...
VIII
Yo te espero desde el comienzo...
Y aunque de noche, es a ti a quien pienso,
sé que estás muy lejos...
Sé que de tus amores,
otras rendirán razones.
Sé que de los míos, mofarse pueden los rebullones.
Nunca sentí, al amar, tanta esperanza...
Nunca sentí, al dejar de amar, tanta añoranza...
Soy sólo una sílaba más que muere desconsolada,
en la palabra hiriente que no desea ser pronunciada...
IX
Te amo, como aman las aves al cielo,
como el cielo ama a las aves.
Como aman las nubes al sol,
como el sol ama a las nubes.
Te amo, como ama el panadero al pan,
y el pan al panadero...
Como aman los jilgueros al campo,
y el campo ama a los jilgueros.
Te amo, y como la lluvia ama el lloviznar,
yo amo el lloviznar de tus besos...
Yo amo la luz que te hace cantar,
y amo el canto de tus anhelos...
Amo el color que tú decides mirar;
amar lo que miras es mi desvelo...
XI
Quien me ha hecho daño,
es quien, probablemente, más me ama...
Y hermético el tiempo estrafalario,
ahora le reclama...
Él hace intentos por olvidar el calendario,
pero ya ha perdido mi alma...
Quizá aún le quiera, pero no le confío más, del amor, mi vocabulario...
He constatado que puedo amar,
a otro, igualmente corsario,
que surca ya mi mar,
como adversario;
mas no hay necesidad de luchar,
mi corazón siempre ha sido un arbitrario...
XII
Hoy debo decirte que sin cesar me hieres
que no soporto más tantos sinsabores
que prefiero apartarme, aunque así tú no lo quieres,
antes de llegar a odiarte y llenarme de rencores.
Déjame de una vez por todas,
buscar la paz en el silencio;
no me aprisiones más
en este desconsuelo,
los dos podemos volar
nuestro propio vuelo...
Ya te puedes marchar
que yo no te retengo.
XIII
Anhelante espero tus besos en el umbral del olvido.
Escarbo y hurgo en los huesos del costal de un peregrino.
¿Acaso la enredadera es una hiedra, y en la espera,
has sembrado en tierra ajena, lo que a mi alma niegas?
XIV
Hoy hay frío en esta habitación cerrada.
Hay silencio, y una ansiedad desenfrenada
me enloquece, y desbarata,
toda intención de acabar el caos que se desata...
Escribe ahora tus mejores versos mi cielo,
que yo sólo en ellos me recreo;
cuento las comas, con los minutos...
Cuento las horas junto a los puntos...
No me regales rosas, que se marchitan...
Regálame, de tus adentros, la poesía...
Regálame tus besos, que me recitan,
la prueba de tu amor en palabra viva...