Antonio Javier Fuentes So
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hubo un tiempo de libros aparcados
en el parking de un estante en cuarentena.
Resignados confidentes que no pierden la calma,
que esperan sufridos su turno en el olvido.
Quisiera la paciencia del libro aletargado.
Llegaba a casa tarde, obviaba su presencia,
sus fecundas entrañas preñadas de verbo.
Hubo un tiempo baldío, no hubo lluvia de letras,
ni papel esperando que grabaran su espalda.
Hubo intentos en vano con la musa de guardia,
pero el verso sonaba a orquesta pachanguera.
Después llegaste tú,
con el cincel que talla mi voz.
Por las venas del tintero que perece
resbala la palabra hecha caricia,
y fluye y se derrama lentamente.
Leo tu nombre.
en el parking de un estante en cuarentena.
Resignados confidentes que no pierden la calma,
que esperan sufridos su turno en el olvido.
Quisiera la paciencia del libro aletargado.
Llegaba a casa tarde, obviaba su presencia,
sus fecundas entrañas preñadas de verbo.
Hubo un tiempo baldío, no hubo lluvia de letras,
ni papel esperando que grabaran su espalda.
Hubo intentos en vano con la musa de guardia,
pero el verso sonaba a orquesta pachanguera.
Después llegaste tú,
con el cincel que talla mi voz.
Por las venas del tintero que perece
resbala la palabra hecha caricia,
y fluye y se derrama lentamente.
Leo tu nombre.