Remo
Poeta recién llegado
HUESOS BLANDOS.
La tierra, el desmonte y la palidez anunciaban su venir,
los escombros sacudían el polvo entre las lisas paredes,
piernas inyectadas de sórdidas lombrices,
su desmoronada crisálida lograba desafiar la árida superficie,
las suturas buscaban en aquel estrecho escondite de opacas teclas y
lúcidas uñas sus cicatrices.
En las costillas el granito acompañado
en serena boga de la impetuosa arena,
reunían sus tendones y sangre seca
que consumida no deseaba ser por la planicie y las llanuras; resistía.
¿por qué al acercarse no cierne mis pupilas y su apretado pellejo no planea desprenderse?
¿por qué no puede ser difusa toda? ¿por qué no acaba la partida?
¿desea esperar y no culminar?
¿aguardar y no actuar?
¿rasgar prendas? ¿abandonar el campo?
¿acaso no intenta seguir?,
así, la vara blanquiroja permitía cubrir el orificio,
una mano aguardaba proclamando victoria hacia soldados faltos de escarapela,
¿cómo podría un escuálido “monumento” contra cien no perder?
¿voluntad?,
¿qué dices? ¿ya se va? ¿desea que la escuche?,
– la voz retornó al inquieto narrador –
Recordad que ninguna piedra consumida será por la estruendosa tumba
sin antes arder y recoger de esa núbil avenida la ceguera de adormecidos dientes.
Mastica con calma, que el mundo no se acaba
por la crueldad, impureza, irracionalidad y bestialidad humana,
¿o sí?