Huésped

Katia N. Barillas

Radio Cultural-Literario*Escritor*Poeta*Declamador
Ha pasado el tiempo…
Los años le alcanzaron marchitándole la piel.
Su cuerpo está agobiado con la carga de su espíritu,
y pierde la conciencia sumergiéndose en sus sueños.
Aun flota con las nubes y el aroma de las flores,
y se atreve a viajar en las aguas transparentes
del tranquilo manantial.

Soberano el viento adulando está al caudal,
coquetea al agua del río para que le deje pasar.
Se aflojan las ramas de los abedules,
se ven caer desde lo alto a los nidos de los carpinteros;
el viento se ha aquietado con el atardecer
y el río sonriente vierte su corriente en el ancho mar.

¡Fascinante ruta!...no cansa, ni agobia.
Cientos de hojas secas viajando van felices sobre la ladera,
y el plácido monte acoge en su seno, al soñador huésped.

Es el petirrojo, plácido durmiente
haciendo su nido en algún lugar
…sobre los árboles en el monte agreste,
junto a la guarida triste y solitaria,
crónica perfecta, tímida, ignorante...
Bancadas de arena inundan los sueños.
El cielo blanco se cubre de humo,
anunciando a su espíritu que terminó el viaje.

Él libre aun vuela creyendo que sueña.
Escucha unas voces hablando a lo lejos;
dóciles los prados murmuran al viento,
y una nube baja y él, él escucha atento,
a esa voz sublime musitando lejos.

¡Suenan las trompetas!. ¡Se oyen los clarines!.
sobre nubes blancas, bajan Serafines;
y en una eclosión de mil rosas blancas,
el huésped regresa en toda su esencia…
Sigue siendo el cuerpo que carga su aliento,
y toda la materia que forma su piel.
 
Muy bello tu poema entre sueños intemporales. Mi sincera felicitación amiga Katia. Un Abrazo.
 
Al fin me encontré con tu poema, pero la busqueda valió la pena. Un deleite a los oidos tus letras. Un gran abrazo y miles de besos.
 
Ha pasado el tiempo…
Los años le alcanzaron marchitándole la piel.
Su cuerpo está agobiado con la carga de su espíritu,
y pierde la conciencia sumergiéndose en sus sueños.
Aun flota con las nubes y el aroma de las flores,
y se atreve a viajar en las aguas transparentes
del tranquilo manantial.

Soberano el viento adulando está al caudal,
coquetea al agua del río para que le deje pasar.
Se aflojan las ramas de los abedules,
se ven caer desde lo alto a los nidos de los carpinteros;
el viento se ha aquietado con el atardecer
y el río sonriente vierte su corriente en el ancho mar.

¡Fascinante ruta!...no cansa, ni agobia.
Cientos de hojas secas viajando van felices sobre la ladera,
y el plácido monte acoge en su seno, al soñador huésped.

Es el petirrojo, plácido durmiente
haciendo su nido en algún lugar
…sobre los árboles en el monte agreste,
junto a la guarida triste y solitaria,
crónica perfecta, tímida, ignorante...
Bancadas de arena inundan los sueños.
El cielo blanco se cubre de humo,
anunciando a su espíritu que terminó el viaje.

Él libre aun vuela creyendo que sueña.
Escucha unas voces hablando a lo lejos;
dóciles los prados murmuran al viento,
y una nube baja y él, él escucha atento,
a esa voz sublime musitando lejos.

¡Suenan las trompetas!. ¡Se oyen los clarines!.
sobre nubes blancas, bajan Serafines;
y en una eclosión de mil rosas blancas,
el huésped regresa en toda su esencia…
Sigue siendo el cuerpo que carga su aliento,
y toda la materia que forma su piel.
[video=youtube;_R2Iibu2K1k]http://www.youtube.com/watch?v=_R2Iibu2K1k&feature=related[/video]

KATITA

¡Qué descripción más vívida!

Has renovado maravillosamente con
tus versos el espíritu del petirrojo.

Abrazos y besos quiteños.
 
Mil gracias maestro. Es hermoso haber escuchado su piar en el adjunto que me regalara con su comentario. Gracias por haberme comentado, también por sus abrazos y besos quiteños, los que recibo poéticamente hasta California. Saludos y otro abrazo para Usted.

KATITA

¡Qué descripción más vívida!

Has renovado maravillosamente con
tus versos el espíritu del petirrojo.

Abrazos y besos quiteños.
 
Es un grato placer contar con tus comentarios tan valiosos en este espacio que puedes considerar ya como tuyo. Abrazos y saludos poéticos y de nuevo, gracias por pasar.
Con un gran trasfondo, un mensaje por cierto de lo que somos todos en
este lugar: huésped con las horas contadas.
Me gusta lo extenso de tu léxico en donde expones hasta en los más
finos detalles lo que quieres decir. Ignoro si ya tengas libros pero como
escritora te iría muy bien, porque sabes ubicar locaciones, dar perfectos
énfasis donde deben ir y la claridad de las acciones de cada actor,
que es parte de tu vuelo literario. Imágenes no comunes.
Es muy grato leerte, muchas gracias por compartir, creo que me
convertiré en una lectora más para ti.
Saludos Katia.


 
Ha pasado el tiempo…
Los años le alcanzaron marchitándole la piel.
Su cuerpo está agobiado con la carga de su espíritu,
y pierde la conciencia sumergiéndose en sus sueños.
Aun flota con las nubes y el aroma de las flores,
y se atreve a viajar en las aguas transparentes
del tranquilo manantial.

Soberano el viento adulando está al caudal,
coquetea al agua del río para que le deje pasar.
Se aflojan las ramas de los abedules,
se ven caer desde lo alto a los nidos de los carpinteros;
el viento se ha aquietado con el atardecer
y el río sonriente vierte su corriente en el ancho mar.

¡Fascinante ruta!...no cansa, ni agobia.
Cientos de hojas secas viajando van felices sobre la ladera,
y el plácido monte acoge en su seno, al soñador huésped.

Es el petirrojo, plácido durmiente
haciendo su nido en algún lugar
…sobre los árboles en el monte agreste,
junto a la guarida triste y solitaria,
crónica perfecta, tímida, ignorante...
Bancadas de arena inundan los sueños.
El cielo blanco se cubre de humo,
anunciando a su espíritu que terminó el viaje.

Él libre aun vuela creyendo que sueña.
Escucha unas voces hablando a lo lejos;
dóciles los prados murmuran al viento,
y una nube baja y él, él escucha atento,
a esa voz sublime musitando lejos.

¡Suenan las trompetas!. ¡Se oyen los clarines!.
sobre nubes blancas, bajan Serafines;
y en una eclosión de mil rosas blancas,
el huésped regresa en toda su esencia…
Sigue siendo el cuerpo que carga su aliento,
y toda la materia que forma su piel.


Katia
Hermosa esa llegada del huesped
su esencia que se fusiona con todo el amor del mundo
bello leerte
estrellas y un abrazo
Ana
 
Ha pasado el tiempo…
Los años le alcanzaron marchitándole la piel.
Su cuerpo está agobiado con la carga de su espíritu,
y pierde la conciencia sumergiéndose en sus sueños.
Aun flota con las nubes y el aroma de las flores,
y se atreve a viajar en las aguas transparentes
del tranquilo manantial.

Soberano el viento adulando está al caudal,
coquetea al agua del río para que le deje pasar.
Se aflojan las ramas de los abedules,
se ven caer desde lo alto a los nidos de los carpinteros;
el viento se ha aquietado con el atardecer
y el río sonriente vierte su corriente en el ancho mar.

¡Fascinante ruta!...no cansa, ni agobia.
Cientos de hojas secas viajando van felices sobre la ladera,
y el plácido monte acoge en su seno, al soñador huésped.

Es el petirrojo, plácido durmiente
haciendo su nido en algún lugar
…sobre los árboles en el monte agreste,
junto a la guarida triste y solitaria,
crónica perfecta, tímida, ignorante...
Bancadas de arena inundan los sueños.
El cielo blanco se cubre de humo,
anunciando a su espíritu que terminó el viaje.

Él libre aun vuela creyendo que sueña.
Escucha unas voces hablando a lo lejos;
dóciles los prados murmuran al viento,
y una nube baja y él, él escucha atento,
a esa voz sublime musitando lejos.

¡Suenan las trompetas!. ¡Se oyen los clarines!.
sobre nubes blancas, bajan Serafines;
y en una eclosión de mil rosas blancas,
el huésped regresa en toda su esencia…
Sigue siendo el cuerpo que carga su aliento,
y toda la materia que forma su piel.


Momentos efusivos en cada línea,
de versos llenos de metáforas sensibles,
cuando cuenta su historia el sensible huésped,
de esa llegada que quedó plasmada en tu corazón,
donde tu inspiración la dejaste escrita en tu poema.
Un placer hbaer pasado, un beso Katia
 
Bellos Versos. Los huespedes de los cuerpos deberían saber cómo bajar a la tierra, muchas veces nos quedamos con la música del cielo; pero en la vida hay que bajar y escuchar el festival desde abajo. Buen versar, un saludo de Samuel.
 
Un millón de gracias por tu valioso comentario. Saludos,
Momentos efusivos en cada línea,
de versos llenos de metáforas sensibles,
cuando cuenta su historia el sensible huésped,
de esa llegada que quedó plasmada en tu corazón,
donde tu inspiración la dejaste escrita en tu poema.
Un placer hbaer pasado, un beso Katia
 
Mil gracias Samuel por tu comentario y sobre todo porque te gustó. Saludos,
Bellos Versos. Los huespedes de los cuerpos deberían saber cómo bajar a la tierra, muchas veces nos quedamos con la música del cielo; pero en la vida hay que bajar y escuchar el festival desde abajo. Buen versar, un saludo de Samuel.
 
Maravilloso. Te dejo reputación, estrellas, y un cálido abrazo
Ha pasado el tiempo…
Los años le alcanzaron marchitándole la piel.
Su cuerpo está agobiado con la carga de su espíritu,
y pierde la conciencia sumergiéndose en sus sueños.
Aun flota con las nubes y el aroma de las flores,
y se atreve a viajar en las aguas transparentes
del tranquilo manantial.

Soberano el viento adulando está al caudal,
coquetea al agua del río para que le deje pasar.
Se aflojan las ramas de los abedules,
se ven caer desde lo alto a los nidos de los carpinteros;
el viento se ha aquietado con el atardecer
y el río sonriente vierte su corriente en el ancho mar.

¡Fascinante ruta!...no cansa, ni agobia.
Cientos de hojas secas viajando van felices sobre la ladera,
y el plácido monte acoge en su seno, al soñador huésped.

Es el petirrojo, plácido durmiente
haciendo su nido en algún lugar
…sobre los árboles en el monte agreste,
junto a la guarida triste y solitaria,
crónica perfecta, tímida, ignorante...
Bancadas de arena inundan los sueños.
El cielo blanco se cubre de humo,
anunciando a su espíritu que terminó el viaje.

Él libre aun vuela creyendo que sueña.
Escucha unas voces hablando a lo lejos;
dóciles los prados murmuran al viento,
y una nube baja y él, él escucha atento,
a esa voz sublime musitando lejos.

¡Suenan las trompetas!. ¡Se oyen los clarines!.
sobre nubes blancas, bajan Serafines;
y en una eclosión de mil rosas blancas,
el huésped regresa en toda su esencia…
Sigue siendo el cuerpo que carga su aliento,
y toda la materia que forma su piel.
 

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