yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
No bien llegaba decidió irse de manera apresurada
mandándome de regreso al quinto infierno
y exiliandome del elíseo de sus caderas;
no bien llegaba devolvió a sus maletas los deseos,
recogió el rubio de su pelo
y con un adiós
me condenó a vivir de los recuerdos.
Hube toda la vida de esperarla
y bastaron dos minutos pa' perderla.
No perdonó que en tantos años se incrementaran mis achaques
y mis mañas
y cerro el balcón de sus pestañas
a mis deseos matutinos
y con saña
fue a refugiarse en los altares de otros brazos
como corresponde a la dignidad de las princesas;
dejó a su paso algunos trozos de huracanes
y el brillo de su nombre para alumbrar las borracheras.
Yo con oficio de poeta en decadencia le di mis versos
y alguna vez muy buenos ratos,
puse a su vera la insistencia de mis besos,
y la ebriedad que me causaba el profundo de sus ojos,
bebí de ella con ansiedad de un adicto en abstinencia
y al ver que nada de esto era suficiente
volví a ser yo, volvió a ser ella
ante lo imposible de un nosotros.
mandándome de regreso al quinto infierno
y exiliandome del elíseo de sus caderas;
no bien llegaba devolvió a sus maletas los deseos,
recogió el rubio de su pelo
y con un adiós
me condenó a vivir de los recuerdos.
Hube toda la vida de esperarla
y bastaron dos minutos pa' perderla.
No perdonó que en tantos años se incrementaran mis achaques
y mis mañas
y cerro el balcón de sus pestañas
a mis deseos matutinos
y con saña
fue a refugiarse en los altares de otros brazos
como corresponde a la dignidad de las princesas;
dejó a su paso algunos trozos de huracanes
y el brillo de su nombre para alumbrar las borracheras.
Yo con oficio de poeta en decadencia le di mis versos
y alguna vez muy buenos ratos,
puse a su vera la insistencia de mis besos,
y la ebriedad que me causaba el profundo de sus ojos,
bebí de ella con ansiedad de un adicto en abstinencia
y al ver que nada de esto era suficiente
volví a ser yo, volvió a ser ella
ante lo imposible de un nosotros.