Teo Moran
Poeta fiel al portal
Huir desesperadamente por el mar,
sobre las gotas imperecederas de sal,
lleva a beber su amargo sabor
y arañar las estatuas frías de mármol
insatisfechas en el reguero yermo
de aquellos astros insignificantes
que se creen dueños de la oscuridad.
Escapar de la árida tierra de su piel
con el pábulo infeliz de sus labios,
tratar de amar al océano contenido
entre las palmas de las manos,
es una manifiesta locura enamorada
que tras los días y la huida de las gotas
solo hallaremos un rastro de sal
fermentando en el oasis del olvido.
Hoy cuando el amor huye silente
por unas calles grises y vacías,
los cobardes latidos quedan impasibles
en la serenidad de lo remoto,
como si aquel sentimiento inefable
fuera solo otro instante inacabado,
luciera sobre los tejados oscuros
dando un poco de luz en la brevedad,
en el iris cristalino de lo inalcanzable,
y bajo la sombra de unos viejos edificios
la vida, tal como la recuerdo,
se aferra a que nada cambie,
y el amor, etéreo y variable,
huye de la vida que me pertenece
dejando tras de sí un rastro de sal.
sobre las gotas imperecederas de sal,
lleva a beber su amargo sabor
y arañar las estatuas frías de mármol
insatisfechas en el reguero yermo
de aquellos astros insignificantes
que se creen dueños de la oscuridad.
Escapar de la árida tierra de su piel
con el pábulo infeliz de sus labios,
tratar de amar al océano contenido
entre las palmas de las manos,
es una manifiesta locura enamorada
que tras los días y la huida de las gotas
solo hallaremos un rastro de sal
fermentando en el oasis del olvido.
Hoy cuando el amor huye silente
por unas calles grises y vacías,
los cobardes latidos quedan impasibles
en la serenidad de lo remoto,
como si aquel sentimiento inefable
fuera solo otro instante inacabado,
luciera sobre los tejados oscuros
dando un poco de luz en la brevedad,
en el iris cristalino de lo inalcanzable,
y bajo la sombra de unos viejos edificios
la vida, tal como la recuerdo,
se aferra a que nada cambie,
y el amor, etéreo y variable,
huye de la vida que me pertenece
dejando tras de sí un rastro de sal.