Marga M.R.
Poeta que considera el portal su segunda casa
...Y en mi afán de conseguir lo que para los demás resultaba inalcanzable comencé a crecerme frente al mundo,sin apenas esfuerzo comencé a ascender por encima de todo,
¿qué más daba si por el camino dejaba atrás algún corazón malherido en la escalada?,
no me importaba nada,el cielo estaba frente a mí...y el cielo me esperaba.
Sentí que llevaba demasiado peso a mis espaldas y decidí soltar lastre,
me desprendí de casi todos mis principios y con ellos perdí la noción de la moral,¿qué más daba?...Con tan ligera carga subía más deprisa,
sentí mi cuerpo y mi alma volar,mi status,por momentos,aumentaba.
¡Qué duro comprobar que mi alma no volaba conmigo, si no que se alejaba!
Y cuanto más me crecía frente al mundo más me empequeñecía a los ojos de la persona amada.
¿De qué serviría estar en lo más alto si él no me acompañaba?...
Mi espectacular subida no había servido para nada.
Si alejas demasiado tu cabeza del suelo pierdes de vista tus zapatos y cuando te dignas a agacharte descubres tus zapatos inundados de lodo y tus pies hundiéndose en el fango.
Fué entónces cuando comprendí que debía iniciar mi descenso para alejar mis pasos del fango acumulado durante tanto tiempo de subir a hurtadillas de espalda a la humildad y volver a encontrar mi reflejo en los limpios ojos de la persona amada.
¿qué más daba si por el camino dejaba atrás algún corazón malherido en la escalada?,
no me importaba nada,el cielo estaba frente a mí...y el cielo me esperaba.
Sentí que llevaba demasiado peso a mis espaldas y decidí soltar lastre,
me desprendí de casi todos mis principios y con ellos perdí la noción de la moral,¿qué más daba?...Con tan ligera carga subía más deprisa,
sentí mi cuerpo y mi alma volar,mi status,por momentos,aumentaba.
¡Qué duro comprobar que mi alma no volaba conmigo, si no que se alejaba!
Y cuanto más me crecía frente al mundo más me empequeñecía a los ojos de la persona amada.
¿De qué serviría estar en lo más alto si él no me acompañaba?...
Mi espectacular subida no había servido para nada.
Si alejas demasiado tu cabeza del suelo pierdes de vista tus zapatos y cuando te dignas a agacharte descubres tus zapatos inundados de lodo y tus pies hundiéndose en el fango.
Fué entónces cuando comprendí que debía iniciar mi descenso para alejar mis pasos del fango acumulado durante tanto tiempo de subir a hurtadillas de espalda a la humildad y volver a encontrar mi reflejo en los limpios ojos de la persona amada.