J. Rosenblum
Poeta recién llegado
Hemos crecido y hemos aprendido
A nunca darnos por vencido.
Invencibles aun si devastados.
Imparables aun si agotados.
Seguiremos dando pelea
para que todo haya valido la pena.
En lo más ínfimo e inhumanitario,
soltaron y despotricaron sobre nosotros.
Nos arrojaron piedras
que nos dejaron más de una cicatriz
y con todo eso aún seguimos de frente
embistiendo con fuerza a diestra y siniestra.
Nos embarraron contra el suelo,
nos hundieron hasta el fondo,
perdimos nuestra fe
y ya no pudimos creer en nosotros mismos.
Y con todo eso, sacudimos nuestro cuerpo
envuelto por la tierra,
dimos un paso, luego otro,
hasta mantenernos de pie.
No tiene importancia que se enteren,
vieron nuestra desgracia,
caímos, lloramos por dentro
y nos auto destruimos, pero ya no.
Que sea porque se lo permitimos,
no porque lograron herirnos.
Por cada golpe, nos fortalecemos,
como armadura de coraza impenetrable
con la cuál nadie podrá volver a agrietarnos.
Sudamos, sangramos, gritamos, arrematamos,
pero nunca, eso nunca nos derrotó,
hasta el último aliento, siempre nació una luz
que cegó la oscuridad que nos abrazó.
El miedo nos hizo víctimas de su prisión,
nos hizo trizas con las dudas
y pedazos con la desilusión.
Y entorno todo perdía sentido,
llegó el optimismo y derrumbó todo a su alrededor.
No debemos olvidar,
estamos listos para resurgir mil veces mejor
que la recaída del ayer.
Superaremos, aunque no olvidaremos.
Recobraremos fuerzas que no sabíamos
guardábamos en nuestro interior,
y triunfaremos ante nuestras pérdidas,
posibles fracasos y dolor.
Porque todo por lo que hemos pasado,
nos ha enseñado a no agachar la cabeza
a pesar de la devastación.
Por esto y mucho más,
a nosotros los de corazón:
completos, repletos,a pedazos,
rotos y fragmentados,
humanos de armazón.
Última edición: