Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
Humedades
Esbozo de humedades que a tu corazón consagraran
mis brazos absueltos por perseguir ventanas
sin que alguien mirara desde adentro de ellas,
esa tu perfecta silueta, con tus muslos rosáceos
que socavan al hombre raudo desde su almena
Es que esa tu colmena de clamores
son rosas ataviadas por el beso de un clavel.
Del azulejo de los pinares aterciopelados,
que al halago que doy hidalgo, sea su causa la orbe
reina de lo etéreo que me observa diáfana
desde su cortina Es que fausto esta el trino
sonoro del ruiseñor, pájaro que aboliera tus labios
llenos de estivales, para llenarlos de primaveras.
Es que te aprestara desde antaño el mármol de las tardes
de Florencia o que palpitara el semblante de un lecho matinal,
¡Ah! De tus caderas ambarinas ya florecen
cisnes delirantes En la morada de tu piel, pétalos, tardes
he dejado caer, hasta mi mirada, que se hunde en la tuya
como el sol detrás de las montañas.
Esbozo de humedades que a tu corazón consagraran
mis brazos absueltos por perseguir ventanas
sin que alguien mirara desde adentro de ellas,
esa tu perfecta silueta, con tus muslos rosáceos
que socavan al hombre raudo desde su almena
Es que esa tu colmena de clamores
son rosas ataviadas por el beso de un clavel.
Del azulejo de los pinares aterciopelados,
que al halago que doy hidalgo, sea su causa la orbe
reina de lo etéreo que me observa diáfana
desde su cortina Es que fausto esta el trino
sonoro del ruiseñor, pájaro que aboliera tus labios
llenos de estivales, para llenarlos de primaveras.
Es que te aprestara desde antaño el mármol de las tardes
de Florencia o que palpitara el semblante de un lecho matinal,
¡Ah! De tus caderas ambarinas ya florecen
cisnes delirantes En la morada de tu piel, pétalos, tardes
he dejado caer, hasta mi mirada, que se hunde en la tuya
como el sol detrás de las montañas.
