Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
En fractales caricias
de sueños vanos
la mente se consume
dejando espacios:
aturdidas miradas;
sombras de humo;
terrenales deseos
y un miedo mudo.
Las risas nunca pierden
el alboroto
que dejan esas ánimas
en cielos rojos;
las paredes eternas
pulsando sangre
van sofocando el gusto
y el fuego arde;
los sentidos no claman,
sólo se asfixian,
y creciendo en la mente
siguen las risas.
Cabalga en el estómago
la claustrofobia
que aprieta el pensamiento
en la memoria.
Por las noches purpúreas
dictan las voces
que dichosas afligen
esos temores.
La muerte abandonada
recurre al nicho
que guarda con el celo
de madre a hijo.
La conciencia se aleja;
el tiempo muere;
las lágrimas se secan;
todo se pierde.
Y los seres humeantes
de magna voz
han cortado los hilos
de la creación.
de sueños vanos
la mente se consume
dejando espacios:
aturdidas miradas;
sombras de humo;
terrenales deseos
y un miedo mudo.
Las risas nunca pierden
el alboroto
que dejan esas ánimas
en cielos rojos;
las paredes eternas
pulsando sangre
van sofocando el gusto
y el fuego arde;
los sentidos no claman,
sólo se asfixian,
y creciendo en la mente
siguen las risas.
Cabalga en el estómago
la claustrofobia
que aprieta el pensamiento
en la memoria.
Por las noches purpúreas
dictan las voces
que dichosas afligen
esos temores.
La muerte abandonada
recurre al nicho
que guarda con el celo
de madre a hijo.
La conciencia se aleja;
el tiempo muere;
las lágrimas se secan;
todo se pierde.
Y los seres humeantes
de magna voz
han cortado los hilos
de la creación.