J.E.Mozo
Docente, Poeta y Persona (Tal vez en otro orden)
El negro jugaba con las sombras,
rodeaba de negro humo sus manos
y manipulaba la luz que se filtraba,
curioso su caso, era mágico.
Desenrollaba los problemas
en largas tiras de vapor oscuro
mientras administraba alucinaciones,
Infusiones, inciensos y hierbas.
Vivía en un palacio de humo,
con un amplio salón de humo,
Alcoba, cocina, baño,
todo gris y negro humo.
Faltaba a la verdad su relato,
era imposible tal proeza
el gas materializado sostenía sus mentiras,
manipulaba las sombras y reía.
Jugaba con el humo,
atrapaba arañas e insectos
que, incrédulos, traspasaban su umbral
la trampa etérea siempre acechaba.
Aparecía y desaparecía,
mas bien, como que se desvanecía
no estoy seguro si acaso él también lo era…
El caso es que no dejaba huellas.
El negro flotaba con su palacio
sobre una negra nube,
solo anclaba para plantar cizaña
y sacar provecho de las sombras.
Humo santo no era,
no anunciaba ningún bien,
solo aparentaba el lujo
y oportunidades ilusorias.
Te aislaba con cortinas de violenta humareda
no querías ni podías estar con nadie,
la ilusión del dinero incorpóreo
cambiaba rostros y voluntades.
Así quedé solo con el tipo,
solo con su humo,
rocé las riquezas prometidas
y, luego, me encontré desamparado.
Eso ocurre oficial,
el negro del humo vino
y me quitó todo lo que tuve,
humo se volvió todo y quedé aquí.
rodeaba de negro humo sus manos
y manipulaba la luz que se filtraba,
curioso su caso, era mágico.
Desenrollaba los problemas
en largas tiras de vapor oscuro
mientras administraba alucinaciones,
Infusiones, inciensos y hierbas.
Vivía en un palacio de humo,
con un amplio salón de humo,
Alcoba, cocina, baño,
todo gris y negro humo.
Faltaba a la verdad su relato,
era imposible tal proeza
el gas materializado sostenía sus mentiras,
manipulaba las sombras y reía.
Jugaba con el humo,
atrapaba arañas e insectos
que, incrédulos, traspasaban su umbral
la trampa etérea siempre acechaba.
Aparecía y desaparecía,
mas bien, como que se desvanecía
no estoy seguro si acaso él también lo era…
El caso es que no dejaba huellas.
El negro flotaba con su palacio
sobre una negra nube,
solo anclaba para plantar cizaña
y sacar provecho de las sombras.
Humo santo no era,
no anunciaba ningún bien,
solo aparentaba el lujo
y oportunidades ilusorias.
Te aislaba con cortinas de violenta humareda
no querías ni podías estar con nadie,
la ilusión del dinero incorpóreo
cambiaba rostros y voluntades.
Así quedé solo con el tipo,
solo con su humo,
rocé las riquezas prometidas
y, luego, me encontré desamparado.
Eso ocurre oficial,
el negro del humo vino
y me quitó todo lo que tuve,
humo se volvió todo y quedé aquí.