Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El hombre que tira del carro se agota.
Entre mis teorías y yo hay diez dedos de distancia.
Diez mandamientos.
Un ojo de distancia.
Hundiros en la miseria sin despeinarse es mi pretensión.
Esto no va con segundas, ni con terceras.
Esto va porque me toca.
Me toca el espíritu.
Que no, hombre, que ya está bien.
Me toca el espíritu que unos desalmados intenten comerme el terreno.
Ya me da lo mismo ver enemigos en todas partes.
Por eso Trump no se las quiere ver con Rusia.
Por eso acabo de sacudírmela en el aseo.
Que no, hombre, que ya está bien.
Ni un solo pero a mi obra, y ni un muerto en el que no me haya cagado.
¿Trastorno? ¿Importa acaso?
Os pienso reducir al nivel cero desde fuera del tablero.
Rompiendo tablas.
Ya me da lo mismo que todo Dios sepa que me llamo Ricardo, o Perico, el tocapelotas.
¿Modales? ¿Alguien los tuvo conmigo?
Compasión.
Espeluznante.
¿Ahora debo sentirme en deuda?
Pienso reclutar un ejército.
Velan por mí identidades que ni conozco.
Tened cuidado conmigo.
Soy peor que un kamikaze.
¡Oh, trastornados, venid a mí!
¡He creado el orden de ideas paranoides a vuestra medida!
Se acabó el tú lo sabes, y yo lo sé.
Por puro, espiritual, casto, me permito el lujo de no comerme ni una coma.
Éste es mi nuevo estilo.
Admito desalmados de una sola vida.
Qué digo.
Desalmados, olvidadlo.
Antes me como las manos hasta la muñeca.
Que no, hombre, que ya está bien.
Se acabó el tú lo sabes, y yo lo sé.
A partir de ahora os asesinaré con mis teorías.
Y cuando salga a la calle, chitón.
O reclutar.
Oled el sudor de mis huevos, porque eso es lo único que puede salvaros.
Es sagrado.
Es puro, casto, divino.
¿Dios al habla?
No, Dios al quite.
Ya estoy -está- hasta las pelotas, macho.
Es que ya está bien.
Ya está bien de televisión.
¿A que no esperabais este final?
Yo tampoco.
Pero es que no es el final.
Es la moraleja.
¿Qué coño pinto aquí?
Si no soy Dios, ¿qué coño pinto aquí?
Habéis adivinado.
El estilo divino es no apto para imbéciles.
Se sienten ofendidos, y todos esos rollos.
Andad e iros de escampada, o de picnic, o incluso de crucero.
Esto no es porque le deis más importancia al dinero.
Ni siquiera porque seáis unos cretinos.
Esto va en todas direcciones.
No estoy levitando, pero me la repampinfla.
Estaba claro que queríais de nuevo el estilo imposible.
Y ahora... apartaos... que va a pasar el malo.
El solo.
El loco.
El que se dejó los cuernos intentando cambiar el mundo.
Iros todos a la mierda.
Como alguien me diga que intento pagar mi desgracia con los demás me reiré en su puta cara. Y le diré: Esto es gracia.
Como alguien me diga que me faltan mimos y abrazos, le diré: Que te los dé tu puta madre.
Humor retorcido, por si no lo habíais pillado.
Entre mis teorías y yo hay diez dedos de distancia.
Diez mandamientos.
Un ojo de distancia.
Hundiros en la miseria sin despeinarse es mi pretensión.
Esto no va con segundas, ni con terceras.
Esto va porque me toca.
Me toca el espíritu.
Que no, hombre, que ya está bien.
Me toca el espíritu que unos desalmados intenten comerme el terreno.
Ya me da lo mismo ver enemigos en todas partes.
Por eso Trump no se las quiere ver con Rusia.
Por eso acabo de sacudírmela en el aseo.
Que no, hombre, que ya está bien.
Ni un solo pero a mi obra, y ni un muerto en el que no me haya cagado.
¿Trastorno? ¿Importa acaso?
Os pienso reducir al nivel cero desde fuera del tablero.
Rompiendo tablas.
Ya me da lo mismo que todo Dios sepa que me llamo Ricardo, o Perico, el tocapelotas.
¿Modales? ¿Alguien los tuvo conmigo?
Compasión.
Espeluznante.
¿Ahora debo sentirme en deuda?
Pienso reclutar un ejército.
Velan por mí identidades que ni conozco.
Tened cuidado conmigo.
Soy peor que un kamikaze.
¡Oh, trastornados, venid a mí!
¡He creado el orden de ideas paranoides a vuestra medida!
Se acabó el tú lo sabes, y yo lo sé.
Por puro, espiritual, casto, me permito el lujo de no comerme ni una coma.
Éste es mi nuevo estilo.
Admito desalmados de una sola vida.
Qué digo.
Desalmados, olvidadlo.
Antes me como las manos hasta la muñeca.
Que no, hombre, que ya está bien.
Se acabó el tú lo sabes, y yo lo sé.
A partir de ahora os asesinaré con mis teorías.
Y cuando salga a la calle, chitón.
O reclutar.
Oled el sudor de mis huevos, porque eso es lo único que puede salvaros.
Es sagrado.
Es puro, casto, divino.
¿Dios al habla?
No, Dios al quite.
Ya estoy -está- hasta las pelotas, macho.
Es que ya está bien.
Ya está bien de televisión.
¿A que no esperabais este final?
Yo tampoco.
Pero es que no es el final.
Es la moraleja.
¿Qué coño pinto aquí?
Si no soy Dios, ¿qué coño pinto aquí?
Habéis adivinado.
El estilo divino es no apto para imbéciles.
Se sienten ofendidos, y todos esos rollos.
Andad e iros de escampada, o de picnic, o incluso de crucero.
Esto no es porque le deis más importancia al dinero.
Ni siquiera porque seáis unos cretinos.
Esto va en todas direcciones.
No estoy levitando, pero me la repampinfla.
Estaba claro que queríais de nuevo el estilo imposible.
Y ahora... apartaos... que va a pasar el malo.
El solo.
El loco.
El que se dejó los cuernos intentando cambiar el mundo.
Iros todos a la mierda.
Como alguien me diga que intento pagar mi desgracia con los demás me reiré en su puta cara. Y le diré: Esto es gracia.
Como alguien me diga que me faltan mimos y abrazos, le diré: Que te los dé tu puta madre.
Humor retorcido, por si no lo habíais pillado.