Cris Ryan
herida viviente del sino
Ya pasaron las lluvias
las primaveras todas
y hasta los buenos augurios;
sucedió la despedida
el último día que nos vimos;
estábamos con todas las facultades
la inteligencia, la salud, el cuerpo sano.
Nos dijimos adiós a su debido momento
y no más tarde…
por evitar la decadencia
la decrepitud del final
ya agotada la vida;
para no recibir visitas apuradas
con arrepentimientos amargos
tristes y obligatorios.
—desde hoy puedes darme por muerto—
Perdonando todo a todos me llevo
gratos recuerdos a la Eternidad.
Siempre llevaremos por igual
la misma vestidura en Dios:
la paz, la cordura, la resignación.
La sala de velación
es la última vitrina
inevitable para todo mortal;
homenaje innecesario
—no merecido—
prohibido la presencia
para quienes de mi familia
me sobrevivan.
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