Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
Que rápido pasa esta vida,
que lento que es el caminar
y los golpes recibidos durante mi estadía
en estas tierras lejanas que no saben amar.
¿Cómo puedo volver atrás?
las dudas acechan mi oscuro interior,
¿cómo me quito la caducidad?
todo está perdido mientras no venga el sol.
La verdad no existe en su totalidad,
las armas, los fuegos, los aceros perecen;
mi valor sucumbe y aprendo a llorar
y en esta isla remota hasta la fe se me pierde.
Déjame entonces Dama de buena fe:
meter mi mano en la eski, escarbar, y escoger
un fruto de vida, que aliento a mi cuerpo dé
para seguir caminado, para evitar mi perder.
Muestra tu lado amable, doncella de rubios cabellos;
permíteme saborear con el paladar de la esperanza,
y dale cuidado a este afligido y adolorido cuerpo
que sediento de vida se abandona a tu confianza.
Que mi boca pruebe el sabor de la juventud,
de la espera sin medida, del tiempo que vuela;
y escapar a la vejez, a la enfermedad, al ataúd
y correr como gacela junto a la paciencia.
que lento que es el caminar
y los golpes recibidos durante mi estadía
en estas tierras lejanas que no saben amar.
¿Cómo puedo volver atrás?
las dudas acechan mi oscuro interior,
¿cómo me quito la caducidad?
todo está perdido mientras no venga el sol.
La verdad no existe en su totalidad,
las armas, los fuegos, los aceros perecen;
mi valor sucumbe y aprendo a llorar
y en esta isla remota hasta la fe se me pierde.
Déjame entonces Dama de buena fe:
meter mi mano en la eski, escarbar, y escoger
un fruto de vida, que aliento a mi cuerpo dé
para seguir caminado, para evitar mi perder.
Muestra tu lado amable, doncella de rubios cabellos;
permíteme saborear con el paladar de la esperanza,
y dale cuidado a este afligido y adolorido cuerpo
que sediento de vida se abandona a tu confianza.
Que mi boca pruebe el sabor de la juventud,
de la espera sin medida, del tiempo que vuela;
y escapar a la vejez, a la enfermedad, al ataúd
y correr como gacela junto a la paciencia.