Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Se hace incómodo este silencio,
este eco que deja en el aire unas notas
para oírme nombrarte y acallar mi deseo.
Una insólita e ingrávida penumbra
va creciendo como un rumor de hogueras
en medio de un abrazo o de una isla
que buscase en la noche amaneceres.
Solo en silencio maduró tu pubescente vientre,
solo en silencio de la vieja madera se ungió el vino,
así quise, en silencio, que mi boca hiciera
promesa de adviento de tus labios.
Nunca supe si el amor era conjura
de los necios o razón de los poetas.
Solo una voz para saberme encalada palabra,
para sentirme umbría y desahuciada orilla,
para escuchar a tientas el latido de la niebla.
Eres la impaciente luz que en ti respira,
el sueño que aún persigue mi fatigado aliento.
este eco que deja en el aire unas notas
para oírme nombrarte y acallar mi deseo.
Una insólita e ingrávida penumbra
va creciendo como un rumor de hogueras
en medio de un abrazo o de una isla
que buscase en la noche amaneceres.
Solo en silencio maduró tu pubescente vientre,
solo en silencio de la vieja madera se ungió el vino,
así quise, en silencio, que mi boca hiciera
promesa de adviento de tus labios.
Nunca supe si el amor era conjura
de los necios o razón de los poetas.
Solo una voz para saberme encalada palabra,
para sentirme umbría y desahuciada orilla,
para escuchar a tientas el latido de la niebla.
Eres la impaciente luz que en ti respira,
el sueño que aún persigue mi fatigado aliento.