El río salvaje e impetuoso se lleva los despojos podridos de cientos de héroes que dieron su beatífica sangre purpúrea por un ideal que la soledad infinita intuye como eterno pero inalcanzable.Sólo los dedos inocentes y mojados en agua rosácea de azahar se dieron el sacrílego festín de mal tratarlo hasta que aquel desveló sus secretos furibundos,apartados en una esquina polvorienta de la todopoderosa conciencia cósmica.Con el traje fúnebre de novio de la muerte amedrenta las almas que,perniciosas y egoístas,no merecen el respeto de desgarrar la cortina translúcida donde se agazapa el único niño puro que sobrevivió a la hecatombe del crujido trémulo por el cual el dios de las tinieblas blasfemaba,entre entrecortadas risas estridentes,contra el sacrosanto nombre críptico de la esencia inmortal que subyace tras los ecos de una eternidad que poco a poco se va volviendo en un ser harapiento.¡Oh!,hasta cuándo remitirá esta decrepitud vestida de ébano.