epimeteo
Poeta que considera el portal su segunda casa
(Iglesia románica segoviana que sugiere la forma de un lápiz. Esbelta y próxima a la catedral)
San Esteban, San Esteban,
que te yergues en los cielos
incitando los recelos
de las aves que se elevan.
Vientos, sus giros renuevan,
sin hacerte estremecer.
Resistes a perecer
ante el gélido aquilón,
que envidiando tu blasón
nunca te logra vencer.
Y nada enturbia tu paz.
Los céfiros apacibles
con sus soplos bonancibles
refrescan toda tu faz.
Emergen tus raíces de la tierra
y alcanzas sin sentir los altos vuelos;
como flecha lanzada hacia los cielos
rasgas la nube blanca que al sol cierra.
La Catedral, cercana a ti, se aferra
a compartir contigo los anhelos
transmiten tus paredes los consuelos
lo mismo en la paz como en la guerra
Te pareces a un lápiz diamantino
cuya afilada punta refulgente
traza en el cielo resplandor divino
Si el tiempo no comete un desatino,
con tu imagen mirífica y silente,
los siglos han de ver tu fiel destino
San Esteban, San Esteban,
que te yergues en los cielos
incitando los recelos
de las aves que se elevan.
Vientos, sus giros renuevan,
sin hacerte estremecer.
Resistes a perecer
ante el gélido aquilón,
que envidiando tu blasón
nunca te logra vencer.
Y nada enturbia tu paz.
Los céfiros apacibles
con sus soplos bonancibles
refrescan toda tu faz.
Emergen tus raíces de la tierra
y alcanzas sin sentir los altos vuelos;
como flecha lanzada hacia los cielos
rasgas la nube blanca que al sol cierra.
La Catedral, cercana a ti, se aferra
a compartir contigo los anhelos
transmiten tus paredes los consuelos
lo mismo en la paz como en la guerra
Te pareces a un lápiz diamantino
cuya afilada punta refulgente
traza en el cielo resplandor divino
Si el tiempo no comete un desatino,
con tu imagen mirífica y silente,
los siglos han de ver tu fiel destino