Ignorarlo todo

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
La terapia consistía en ignorar todo,
la alarma a las cuatro de la mañana repicando,
el malestar de escuchar a los vecinos matándose
porque el novio de la hija amanecía en la casa,
el helado de chocolate que se había convertido en sopa
y la sopa que ahora parecía chocolate.

El lapicero que me había llenado de tinta el dedo,
el candelabro que prendía y apagaba,
el disco de la cocina que calentaba a las dos horas,
los zapatos donde dormían los ratones
y los ratones que dormían en los zapatos.

La última plática tipo discusión con ella,
mis razonamientos de hombre machista
y sus pensares feministas con influencias comunistas
que retardaban la cena,
mis sueños que nunca tenían sentido
y el sentido de no tener sueños.

El periódico de ayer que compré pensando que era de hoy,
el pan que en vez de tostarse se quemó,
la nostalgia de estar un día menos joven,
la dictadura de no poder escapar de mí
y el no poder escapar de mi propia dictadura.

El regalo que recibí de quien no lo quería,
la bolsa de basura con el billete de lotería premiado que perdí,
el cuadro minimalista que nunca me agradó,
el manchón en el piso, el corte con la rasuradora,
mi disfraz de hombre elocuente y bien evolucionado...
la terapia consistía en ignorar todo
excepto que un buen soldado
nunca da la guerra por perdida... aunque lo maten.
 
La terapia consistía en ignorar todo,
la alarma a las cuatro de la mañana repicando,
el malestar de escuchar a los vecinos matándose
porque el novio de la hija amanecía en la casa,
el helado de chocolate que se había convertido en sopa
y la sopa que ahora parecía chocolate.

El lapicero que me había llenado de tinta el dedo,
el candelabro que prendía y apagaba,
el disco de la cocina que calentaba a las dos horas,
los zapatos donde dormían los ratones
y los ratones que dormían en los zapatos.

La última plática tipo discusión con ella,
mis razonamientos de hombre machista
y sus pensares feministas con influencias comunistas
que retardaban la cena,
mis sueños que nunca tenían sentido
y el sentido de no tener sueños.

El periódico de ayer que compré pensando que era de hoy,
el pan que en vez de tostarse se quemó,
la nostalgia de estar un día menos joven,
la dictadura de no poder escapar de mí
y el no poder escapar de mi propia dictadura.

El regalo que recibí de quien no lo quería,
la bolsa de basura con el billete de lotería premiado que perdí,
el cuadro minimalista que nunca me agradó,
el manchón en el piso, el corte con la rasuradora,
mi disfraz de hombre elocuente y bien evolucionado...
la terapia consistía en ignorar todo
excepto que un buen soldado
nunca da la guerra por perdida... aunque lo maten.
Buenos días
Tus hermosas letras se ponen en mi paso
Gracias por compartirlas
Un saludo
 

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