I
Rechinaron los portales
oscuros del silencio,
y se abrieron las fauces
perniciosas del vientre.
Han volado los versos colmados de dolor,
y se han secado las fuentes laceradas de amor.
Se miran como estatuas
de piedra y de carton.
Son vestigios dejados
por el siglo de ayer.
Palabras sometidas se levantan y gritan,
y huesos temblorosos espantados tiritan.
Aglomeradas voces
de los muertos vivientes,
se retuercen macabras
en las aguas malditas.
II
Perforadas orejas,
caricias simuladas.
Cuando beso la sombra
me arropo de silencio.
Yo se que ahora vivo
y pronto estare muerto.
Hay algo que persigue la huella de mis ojos.
Yo miro cada noche vibrar sus labios rojos,
y me bebo las luces
de los astros sangrientos.
Ignoro si soy libre,
porque me siento preso.
III
El horizonte se tine de rojo,
el sol muestro su enojo,
y el pueblo le da sangre.
Sin esa sangre roja,
el sol se va muriendo.
Y ruedan las cabezas
alejadas del cuerpo, al filo de la daga
que inicia el sacrificio.
german g