Jonathan Jesus
Exp..
Hay ciertas cosas qué me incomodan de ella, y entre esas, es saber que es extremadamente cariñosa, me produce celos saber que no me pertenece su cariño. Ah, pero tiene un genio terrible, diría que es extremadamente posesiva, creo que nos complementamos mucho, su carácter me puede ayudar a mejorar mi personalidad.
El problema no radicaba en que hubiera guardado esa pequeña esperanza si no en por fin concluirla. Creo que la guarde por mucho tiempo en mi corazón. Mi error, fatal error.
No sé por qué se me dio por felicitarla ese día, como nunca me acorde de su cumpleaños y solo por lógica deduje su correo electrónico después de navegar un rato en internet –Idiota. Me sigo diciendo a mí mismo. Nunca debió pasar, pero tengo ese defecto de no rendirme tan fácilmente, y en esos instantes pasaba un trago amargo por mi boca, estaba separado y solo.
-le envié un escuálido mensaje enviado desde la bandeja de Hotmail, decía: Feliz cumpleaños. Bendiciones.Un día después me devolvió el mensaje dándome las gracias, y al leerlo casi me da un infarto… En el pie de página estaba su número telefónico. ¡Nunca me lo debió dar! Escuchar su voz emocionada mientras leía una hoja en el que estaba apuntado mi dialogo, sí, mi dialogo, Maldición, que cobarde...
Realmente desde que la vi, supe que me iba a casar con ella, pero nunca fue así. El último de mis intentos fallidos estaba por suceder…
El problema no radicaba en que hubiera guardado esa pequeña esperanza si no en por fin concluirla. Creo que la guarde por mucho tiempo en mi corazón. Mi error, fatal error.
No sé por qué se me dio por felicitarla ese día, como nunca me acorde de su cumpleaños y solo por lógica deduje su correo electrónico después de navegar un rato en internet –Idiota. Me sigo diciendo a mí mismo. Nunca debió pasar, pero tengo ese defecto de no rendirme tan fácilmente, y en esos instantes pasaba un trago amargo por mi boca, estaba separado y solo.
-le envié un escuálido mensaje enviado desde la bandeja de Hotmail, decía: Feliz cumpleaños. Bendiciones.Un día después me devolvió el mensaje dándome las gracias, y al leerlo casi me da un infarto… En el pie de página estaba su número telefónico. ¡Nunca me lo debió dar! Escuchar su voz emocionada mientras leía una hoja en el que estaba apuntado mi dialogo, sí, mi dialogo, Maldición, que cobarde...
Realmente desde que la vi, supe que me iba a casar con ella, pero nunca fue así. El último de mis intentos fallidos estaba por suceder…