Joel Linares Moreno
Poeta recién llegado
Sus dedos reptan, recorren los surcos del piso como llovizna menuda, buscan el amor que dejaron caer, que estalló en millones de pedacitos de vidrio y carne, buscan recomponer en orden geométrico cada uno de los fragmentos, pegarlos con la saliva de su último beso, fusionarlos al agónico grano de arena que se aferra a la pared.
Es la una de la madrugada.
Se apagó la vela.
Es la una de la madrugada.
Se apagó la vela.