Sira
Poeta fiel al portal
Iliás
Cuando, mirándote a los ojos,
te pregunté si me querías
tus ardientes labios rojos
esbozaron una tenue sonrisa.
Dientes blancos, libres de enojos
y una luz áurea en tus pupilas
titilaron con candor elogioso
hasta el fondo de mis pesadillas.
"Te amo, mi muchacho valiente,
como nunca quisiera amarte;
como nunca podré expresarte
y por mucho que anheles mi muerte."
Besé entonces tu augusta frente
sin pretenderlo, sin planearlo;
sin mirar al vacío ni pensar el salto,
y así mis labios libaron de tu fuente.
Me guiaron al punto tus manos serenas,
recias y enteras pese a mis temores.
Sucumbí por completo a tus cantos de Sirena
por mucho que fueras señor de los Tritones.
Como Patroclo con su fiero amante Aquiles
descubrí que mis descabelladas fantasías y miedos
se amalgamaron y copularon, terriblemente afines,
a salvo del calvario en el palacio de tu pecho.
Cuando, mirándote a los ojos,
te pregunté si me querías
tus ardientes labios rojos
esbozaron una tenue sonrisa.
Dientes blancos, libres de enojos
y una luz áurea en tus pupilas
titilaron con candor elogioso
hasta el fondo de mis pesadillas.
"Te amo, mi muchacho valiente,
como nunca quisiera amarte;
como nunca podré expresarte
y por mucho que anheles mi muerte."
Besé entonces tu augusta frente
sin pretenderlo, sin planearlo;
sin mirar al vacío ni pensar el salto,
y así mis labios libaron de tu fuente.
Me guiaron al punto tus manos serenas,
recias y enteras pese a mis temores.
Sucumbí por completo a tus cantos de Sirena
por mucho que fueras señor de los Tritones.
Como Patroclo con su fiero amante Aquiles
descubrí que mis descabelladas fantasías y miedos
se amalgamaron y copularon, terriblemente afines,
a salvo del calvario en el palacio de tu pecho.
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