José A. Guerrero
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Da coraje, Señor!
Que un hombre descuidado,
por olvido, indiferencia ó ¿no sé qué?,
a un alma buena arrastre hacía el pecado.
Por tiempo soportó la soledad,
calmó sus ansias con falsas ilusiones,
mas cierto día se hicieron realidad,
y hoy del amor, vuelve a sentir las emociones.
Si estuvo atada con cadenas frías,
¿Por qué Señor...? Tiene que ser prohibido,
si solo ansía la libertad, sentirse amada,
¡Perdónales Señor...! Que de los tres;
¡Quizás alguno lo tenga merecido!
José A. Gerrero.
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