Blanca y sedosa
es la gata
que sobre tu regazo
descansa.
Con tu mano
su lomo acaricias;
con tu voz,
dulcemente le cantas.
Tan tranquila pareces,
y a la vez,
tan extraña,
que me recuerdas la imagen
de una época lejana,
congelada en un cuadro
de una mansión victoriana.
Y es curioso,
pues me haces sentir
una paz, una languidez,
que no había vuelto a sentir
desde la niñez,
cuando pensaba
que la luna me velaba
sobre mi cama,
para que el mal
no me raptara
y me ocultara
en las grutas más oscuras
de la montaña más alta.
es la gata
que sobre tu regazo
descansa.
Con tu mano
su lomo acaricias;
con tu voz,
dulcemente le cantas.
Tan tranquila pareces,
y a la vez,
tan extraña,
que me recuerdas la imagen
de una época lejana,
congelada en un cuadro
de una mansión victoriana.
Y es curioso,
pues me haces sentir
una paz, una languidez,
que no había vuelto a sentir
desde la niñez,
cuando pensaba
que la luna me velaba
sobre mi cama,
para que el mal
no me raptara
y me ocultara
en las grutas más oscuras
de la montaña más alta.