DRYELL
Poeta fiel al portal
Camino por los aires,
dando pasos de premura por el céfiro encantado,
sobre los cielos me muevo y en sus merinas descanso,
dejo que las lluvias sean mi ruego
y acaparo los matices del ocaso.
Soy un triste colector de maravillas celestes,
de las auroras que cantan y atardeceres silentes,
vivo de los sueños y las plausibles mañanas
y atesoro los ponientes como monedas de plata.
Ruedo por los valles del empíreo
en sus vergeles de azucenas y sus aromas de lirio,
vivo entre la tinta y los poemas,
dejando entre paginas blancas mis anhelos y mis penas.
Soy hermano del que llora sin reproche,
del escritor del otoño y el soñador de primaveras,
riego la simiente del tejedor de las noches
y canto los versos de antaño de quien figura quimeras.
Sólo creo en lo intangible,
como el susurro del viento entre las hojas secas,
en el vernal inmarcesible que florece con estrellas,
entrelazando los versos y desatando las letras.
Navego por los aires,
en un bogar presuroso y constante,
voy en busca de los límites del tiempo
aquel que se muestra lóbrego, incisivo y arrogante.
He caído derribado por las nieves,
cuando el invierno es impío
y el lacrimar inminente,
he tocado el suelo como el gorrión malherido
que se perdió entre la noche y en sus fantasmas soeces.
Más de nuevo abro mis alas, -lentamente,
tratando de cabalgar el monzón y las corrientes del estío
no bastarán las tormentas ni las injurias del frío
pues sueño encontrar el destino que resguarda el sol naciente.
dando pasos de premura por el céfiro encantado,
sobre los cielos me muevo y en sus merinas descanso,
dejo que las lluvias sean mi ruego
y acaparo los matices del ocaso.
Soy un triste colector de maravillas celestes,
de las auroras que cantan y atardeceres silentes,
vivo de los sueños y las plausibles mañanas
y atesoro los ponientes como monedas de plata.
Ruedo por los valles del empíreo
en sus vergeles de azucenas y sus aromas de lirio,
vivo entre la tinta y los poemas,
dejando entre paginas blancas mis anhelos y mis penas.
Soy hermano del que llora sin reproche,
del escritor del otoño y el soñador de primaveras,
riego la simiente del tejedor de las noches
y canto los versos de antaño de quien figura quimeras.
Sólo creo en lo intangible,
como el susurro del viento entre las hojas secas,
en el vernal inmarcesible que florece con estrellas,
entrelazando los versos y desatando las letras.
Navego por los aires,
en un bogar presuroso y constante,
voy en busca de los límites del tiempo
aquel que se muestra lóbrego, incisivo y arrogante.
He caído derribado por las nieves,
cuando el invierno es impío
y el lacrimar inminente,
he tocado el suelo como el gorrión malherido
que se perdió entre la noche y en sus fantasmas soeces.
Más de nuevo abro mis alas, -lentamente,
tratando de cabalgar el monzón y las corrientes del estío
no bastarán las tormentas ni las injurias del frío
pues sueño encontrar el destino que resguarda el sol naciente.
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