Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
IMAGINÉ
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Temprano un día descansando,
tal como el viejito Simeón;
me estaba imaginando,
tener una gran mansión.
Muchos sirvientes y un paje,
igual que el rey Salomón.
Ropa espléndida, manjares
y un viaje
a otra constelación.
Imaginaba también,
la forma, el momento, la acción;
de cómo conseguir aquello,
que ansiaba mi corazón.
Trabajaré duro, decía,
mi pecho lleno de la unción;
de los rayos de luz tibia,
que había en mi habitación.
Me levantaré a la mañana,
cuando aún descanse el sol;
en su gran cama de niebla
y no venga a dar calor.
Seré responsable, ¡lo juro¡
y cumpliré la misión;
que me encomiende la vida,
mis jefes, mi amor y mi Dios.
Y ahorraré muchos pesos,
en el banco con balcón.
Pero eso cuando sea grande,
cuando aprenda la canción;
sobre la luna y la estrella,
que muy rápido pasó;
y que alguien muy dadivoso,
del cielo la recogió.
Por ahora solamente,
junto al tachito que Dios;
lo llenó de muchos dulces,
a trabajar allá voy.
A ofrecerlos por pesitos,
a gentes que sin razón;
transita con mucha angustia,
con problemas bajo el sol.
Quizá estos caramelitos
le quiten su mal humor.
Estos que don Genaro,
me los vende sin problema,
sin pena y sin comisión.
Igual que al taxista y al mozo
de doña Rosita, que Dios;
la tiene muy bendecida,
con una preciosa tienda,
que obtuvo cuando enviudó.
Se me olvidaba decir,
que a mí por educación;
me llaman el gorrioncillo,
pues siempre en la calle estoy;
y guardo en mi bolsillo,
los sueños y la ambición;
de conseguir un día de éstos,
la mirada bondadosa,
del Padre de mi canción.
Todo esto que imaginé,
fue, creo, un día veintiocho,
no se en qué año ni en qué mes.
cuando ocurrió.-
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Temprano un día descansando,
tal como el viejito Simeón;
me estaba imaginando,
tener una gran mansión.
Muchos sirvientes y un paje,
igual que el rey Salomón.
Ropa espléndida, manjares
y un viaje
a otra constelación.
Imaginaba también,
la forma, el momento, la acción;
de cómo conseguir aquello,
que ansiaba mi corazón.
Trabajaré duro, decía,
mi pecho lleno de la unción;
de los rayos de luz tibia,
que había en mi habitación.
Me levantaré a la mañana,
cuando aún descanse el sol;
en su gran cama de niebla
y no venga a dar calor.
Seré responsable, ¡lo juro¡
y cumpliré la misión;
que me encomiende la vida,
mis jefes, mi amor y mi Dios.
Y ahorraré muchos pesos,
en el banco con balcón.
Pero eso cuando sea grande,
cuando aprenda la canción;
sobre la luna y la estrella,
que muy rápido pasó;
y que alguien muy dadivoso,
del cielo la recogió.
Por ahora solamente,
junto al tachito que Dios;
lo llenó de muchos dulces,
a trabajar allá voy.
A ofrecerlos por pesitos,
a gentes que sin razón;
transita con mucha angustia,
con problemas bajo el sol.
Quizá estos caramelitos
le quiten su mal humor.
Estos que don Genaro,
me los vende sin problema,
sin pena y sin comisión.
Igual que al taxista y al mozo
de doña Rosita, que Dios;
la tiene muy bendecida,
con una preciosa tienda,
que obtuvo cuando enviudó.
Se me olvidaba decir,
que a mí por educación;
me llaman el gorrioncillo,
pues siempre en la calle estoy;
y guardo en mi bolsillo,
los sueños y la ambición;
de conseguir un día de éstos,
la mirada bondadosa,
del Padre de mi canción.
Todo esto que imaginé,
fue, creo, un día veintiocho,
no se en qué año ni en qué mes.
cuando ocurrió.-
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