Sira
Poeta fiel al portal
Imago
Es sólo una imagen. Una simple, recurrente imagen.
Descubro que me aterra lo inalterable de su existencia.
Lo persistente, lo irreverente, lo inextricable
que exuda, a buen recaudo, en mi memoria como penitencia.
En los anales de mi propia historia, se yergue la sierpe
que envuelve aquella efigie; aquel otrora conocido semblante.
En aras de ya pasadas, corrompidas lealtades...
Inhumadas, putrefactas pero cargadas de vehementes anhelos.
Te veo como te vi por aquel entonces. Te veo entero.
Te miro y condeno. Te temo y me temo. Te observo y aún espero.
Recelo frente a tu remanente, permanente y anclada imagen
porque si algo comprendí ya por entonces, mejor que nadie,
es que jamás extirparé tu estampa de mis pensamientos circulares.
Es sólo una imagen. Una simple, recurrente imagen.
Descubro que me aterra lo inalterable de su existencia.
Lo persistente, lo irreverente, lo inextricable
que exuda, a buen recaudo, en mi memoria como penitencia.
En los anales de mi propia historia, se yergue la sierpe
que envuelve aquella efigie; aquel otrora conocido semblante.
En aras de ya pasadas, corrompidas lealtades...
Inhumadas, putrefactas pero cargadas de vehementes anhelos.
Te veo como te vi por aquel entonces. Te veo entero.
Te miro y condeno. Te temo y me temo. Te observo y aún espero.
Recelo frente a tu remanente, permanente y anclada imagen
porque si algo comprendí ya por entonces, mejor que nadie,
es que jamás extirparé tu estampa de mis pensamientos circulares.