impacto sollozos

Évano

Libre, sin dioses.
ibas solo por la acera ibas solo
los tumores reventando
como sangre que caía por tus piernas
por tus piernas al aire joseluis

los pies hinchados todo tú

cuánta acera qué lenta dios mío decías
a tus chanclas de hospital de agujeros
blancos bailando en tus pies gigantes

joseluis tu barriga tus brazos amigo
qué negro tu rostro qué amarillos
tus ojos y tu boca balbuceando

a ver si me las cortan yo qué sé
qué lejos cuánto queda decías
entre medias de los pasos blandos

y cuánto quedaba dios mío

ejércitos de árboles escoltándote
la lluvia de las ramas
las calles moribundas hojarascas
murmuraban como nubes de gris en la mañana

que te mueres joseluis me dije
y tú sin saberlo reflejado en el cristal
de una tienda de chuches donde eras
el ogro y debías
ser niño toda la vida joseluis

una voz desde lejos qué mal te veo
no tenías enemigos qué te dicen
qué te dicen joseluis

todavía vas andando solo todavía
pantalones cortos la llovizna suda
el último verano tus hijos tu ex mujer
la sangre las piernas las chanclas tu cuerpo
hinchados agujeros blancos los pasos
blandos huyendo al hospital cercano
a la tumba del cementerio donde
los cipreses siempre estuvieron
esperando la llegada de su niño joseluis

por qué miras por qué miras los cipreses
tras los vidrios los ojos quítalos de ahí
que vas en ellos joseluis
que vas en ellos
 
Última edición:
ibas solo por la acera ibas solo
los tumores reventando
como sangre que caía por tus piernas
por tus piernas al aire jose luis

¡los pies hinchados todo tú!

¡cuánta acera qué lenta dios mío! decías
a tus chanclas de hospital de agujeros
blancos bailando en tus pies gigantes

¡josé luis tu barriga tus brazos! amigo
¡qué negro tu rostro qué amarillos
tus ojos! y tu boca balbuceando

a ver si me las cortan yo qué sé
qué lejos cuánto queda decías
entre medias de los pasos blandos

¡y cuánto quedaba jose luis dios mío!

ejércitos de árboles escoltando
la lluvia de las ramas
las calles moribundas hojarascas
murmuraban como nubes de gris en la mañana

que te mueres jose luis me dije
y tú sin saberlo reflejado en el cristal
de una tienda de chuches donde eras
el ogro y debías
ser niño toda la vida jose luis

una voz desde lejos qué mal te veo
no tenías enemigos ¡qué te dicen
qué te dicen jose luis!

todavía vas andando solo todavía
pantalones cortos la llovizna suda
el último verano tus hijos tu ex mujer
la sangre las piernas las chanclas tu cuerpo
hinchados agujeros blancos los pasos
blandos huyendo al hospital cercano
a la tumba del cementerio donde
los cipreses siempre estuvieron
esperando la llegada de su niño jose luis

¿por qué miras por qué miras los cipreses
tras los vidrios? ¡los ojos quítalos de ahí!
¡que vas en ellos jose luis!
que vas en ellos

Emocionado compa... Elegía brutal a este José Luis, a este ser humano completamente abandonado por la manada social incompasiva y psicópata, que mira hacia otro lado, hasta que José Luis se convierte en una farola más, en un banco, en un cubo de basura. Cuántos José Luises por las calles... Demasiados no son suficientes.
Un saludo, Vicente. Sigue bien.
 
Última edición:
Cuando un poema te pone la carne de gallina poco se puede decir, señor Vicente, emocionante, duro y a la vez hermoso, difícil combinación, como la vida misma... Muy bueno, amigo (los versos finales son tremendos). Un abrazo.
 
Última edición por un moderador:
ibas solo por la acera ibas solo
los tumores reventando
como sangre que caía por tus piernas
por tus piernas al aire jose luis

¡los pies hinchados todo tú!

¡cuánta acera qué lenta dios mío! decías
a tus chanclas de hospital de agujeros
blancos bailando en tus pies gigantes

¡josé luis tu barriga tus brazos! amigo
¡qué negro tu rostro qué amarillos
tus ojos! y tu boca balbuceando

a ver si me las cortan yo qué sé
qué lejos cuánto queda decías
entre medias de los pasos blandos

¡y cuánto quedaba jose luis dios mío!

ejércitos de árboles escoltando
la lluvia de las ramas
las calles moribundas hojarascas
murmuraban como nubes de gris en la mañana

que te mueres jose luis me dije
y tú sin saberlo reflejado en el cristal
de una tienda de chuches donde eras
el ogro y debías
ser niño toda la vida jose luis

una voz desde lejos qué mal te veo
no tenías enemigos ¡qué te dicen
qué te dicen jose luis!

todavía vas andando solo todavía
pantalones cortos la llovizna suda
el último verano tus hijos tu ex mujer
la sangre las piernas las chanclas tu cuerpo
hinchados agujeros blancos los pasos
blandos huyendo al hospital cercano
a la tumba del cementerio donde
los cipreses siempre estuvieron
esperando la llegada de su niño jose luis

¿por qué miras por qué miras los cipreses
tras los vidrios? ¡los ojos quítalos de ahí!
¡que vas en ellos jose luis!
que vas en ellos

¡Ay qué joderse! qué tenga que decir
lo mucho que me gusta su poema, señor Évano,
aún con el tema de fondo.Genial.
Me voy con la sensación de haberlo escuchado de su voz
y lo ha bordado...
Mi aplauso y mi respeto, compañero,
un abrazo.
 
Última edición:
Emocionado compa... Elegía brutal a este José Luis, a este ser humano completamente abandonado por la manada social incompasiva y psicópata, que mira hacia otro lado, hasta que José Luis se convierte en una farola más, en un banco, en un cubo de basura. Cuántos José Luises por las calles... Demasiados no son suficientes.
Un saludo, Vicente. Sigue bien.
Cuando un poema te pone la carne de gallina poco se puede decir, señor Vicente, emocionante, duro y a la vez hermoso, difícil combinación, como la vida misma... Muy bueno, amigo (los versos finales son tremendos). Un abrazo.
¡Ay qué joderse! qué tenga que decir
lo mucho que me gusta su poema, señor Évano,
aún con el tema de fondo.Genial.
Me voy con la sensación de haberlo escuchado de su voz
y lo ha bordado...
Mi aplauso y mi respeto, compañero,
un abrazo.

Es un intento de reflejar el impacto de ver a un amigo moribundo tras la vuelta de vacaciones después de un mes en el que lo habías saludado todavía bien.

Os mando abrazos, compañeros. Gracias.
 

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