Littera
Poeta asiduo al portal
Linfas bravas y profundas
que os agitáis sin descanso
desde que el alba sonríe
hasta que impera el ocaso,
oíd tan sólo un instante
el acento desgarrado
del hombre que en el ayer
por amor vibrase tanto.
¡Todo, cruel y fieramente,
se lo habéis arrebatado
a mis honestas pupilas
y a mi noble par de manos!
Nunca volverán aquellas
a encontrar claveles blancos
en sus hermosas facciones
y preeminentes labios
ni a sus cabellos de oro
entre los vientos bailando
con invencible elegancia
y vertiginoso garbo.
Nunca volverán aquestas
a sentir el suave tacto
de su cuello rutilante
y de sus pechos lozanos
ni a caminar a placer
por la seda de sus brazos
y por los mil acirates
de sus muslos delicados.
No obstante, ni odio os profeso
ni rencor alguno os guardo,
que no caben en mi alma
sentimientos tan dañados.
Sin defensa, pues, ni abrigo
y en un humilde balandro,
penetraré los umbrales
de vuestros dominios vastos.
Dadme entonces, por que cese
mi tenaz y fosco llanto,
la misma muerte que disteis
a la que era mi regalo.
Caed con fuerza y aplomo
sobre mis huesos chupados,
liberad a mi conciencia
de extenüantes calvarios
y llevadme adonde yazcan
sus cristales apagados,
los que colmaban de celos
a los presumidos astros.
Esto y no más os imploro
con el jaez de un esclavo
para quien cada latido
es un tormento nefando.
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