Esa melodía que tocaste, con tus ojos inundados y tu corazón apretado. ¡Qué gran desgracia ver tu espíritu deshecho por alguien que dejó un vacío en tu pecho! Quisiera ser la alegría de tus ojos y la canción de tu violín, pero lamentablemente es otra la dueña de tu hermoso jardín.
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