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Impotencia interna

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Intermitente y a la deriva,
como las estrellas aun perdidas,
maldiciendo toda oscura compañía,

marea de tiempo y espacio,
sus oscilaciones detienen el presente,
para sentirse eterna,

nos encontramos por debajo,
buceando en el caos absoluto,

mente de quietudes neuronales,
gimen reclamando la tortura,

porque no se siente sin perder,
sin sufrir, a cada latido una herida,
sangra el tiempo con nuestro tacto,
acariciamos la silueta de la muerte,

triste reflejo, cenital eclipse,
que enceguece a nuestro amor inerte,

ahogamos las penurias en las sombras,
como si la desdicha se escondiera,
con cada exhalación,
en la justicia del olvido,

cae la noche,
entre un panorama imposible de oscurecer,

vomitamos vacío,
de tanta negrura engullida,

el mutismo florece,
la vida se tuerce,
pigmentando enfebrecida
hasta a la misma inexistencia,

cuando no hay escape,
desde el temor profundo,
la sangre busca un final,
para retratar una última faena,

inmortalizando el vicio imparable
que arde por nuestro ser visceral,

por nuestras noches y huidas,
por un desahogo liberador,
existencia sepulcral,

dejándole a nuestra alma desear,
escuchar el vibrato de nuestra voluntad,
en cada grito,
entre el fluir de un ambiente desesperado,

seremos la asimilación del desastre,

la aceptación de nuestra impotencia,

implosionando en uno mismo.
 
Intermitente y a la deriva,
como las estrellas aun perdidas,
maldiciendo toda oscura compañía,

marea de tiempo y espacio,
sus oscilaciones detienen el presente,
para sentirse eterna,

nos encontramos por debajo,
buceando en el caos absoluto,

mente de quietudes neuronales,
gimen reclamando la tortura,

porque no se siente sin perder,
sin sufrir, a cada latido una herida,
sangra el tiempo con nuestro tacto,
acariciamos la silueta de la muerte,

triste reflejo, cenital eclipse,
que enceguece a nuestro amor inerte,

ahogamos las penurias en las sombras,
como si la desdicha se escondiera,
con cada exhalación,
en la justicia del olvido,

cae la noche,
entre un panorama imposible de oscurecer,

vomitamos vacío,
de tanta negrura engullida,

el mutismo florece,
la vida se tuerce,
pigmentando enfebrecida
hasta a la misma inexistencia,

cuando no hay escape,
desde el temor profundo,
la sangre busca un final,
para retratar una última faena,

inmortalizando el vicio imparable
que arde por nuestro ser visceral,

por nuestras noches y huidas,
por un desahogo liberador,
existencia sepulcral,

dejándole a nuestra alma desear,
escuchar el vibrato de nuestra voluntad,
en cada grito,
entre el fluir de un ambiente desesperado,

seremos la asimilación del desastre,

la aceptación de nuestra impotencia,

implosionando en uno mismo.
Muy firme al final.
Líneas profundas.
Saludos
 
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