Impromptu: "En la cárcel"

Silverio Francisco

Poeta recién llegado
El aire duele,
me desangro.
Tú te desangras.

El aire duele.
Duelen los velos ocultos que hostiles se nos ciñen.
Brutales.

Asfixiantes.

Duelen los muros absurdos,
las violentas planchas del acero más frío,
en la inmensa y ahogada
cárcel,
que poco a poco hemos construido.

Mañana, como hoy,
apretaremos un poco más nuestras manos
en el mudo intento de estrangularnos mutuamente.

Y no seré capaz de mirarte a los ojos.
Solo seguiremos matándonos.

En la cárcel.

Porque, admitámoslo,
nunca nos dimos cuenta.
Tal vez llegásemos a saber que se estaba reformando nuestro hogar,
pero no hemos sabido ver los barrotes.
Pero ahora los he visto. ¡Y tú los has visto!
¿No es así?


¿Y ahora qué?

¡REPRIME TUS ALARIDOS!
¡ESTA CÁRCEL ES LO BUENO!
¡RINDAMOS CULTO A ESTE INSOPORTABLE DOLOR!
MÁTAME, PORQUE ES LO QUE SE HACE EN LA CÁRCEL,
¡MIENTRAS YO TE MATO, PORQUE ESTAMOS EN LA CÁRCEL!
¡ESTO ES LO QUE QUEREMOS!



El aire entre tú y yo duele,
cargado de los escombros de nuestro origen,
ahora negros y henchidos de asco.

Nunca quisimos esto.
No sabemos lo que hacemos.
La cárcel es lo que nos mata,
pero fuimos nosotros quienes la levantamos,
y somos nosotros los que, somnolientos,
sonríen al despertar en ella.
Duele el aire entre tú y yo.
Esto no está bien.


Shhh...
Llora.
Ahora mira a tu alrededor.

Vamos, aún nos queda algo de melodía pura.
Aún nos quedan lágrimas sinceras e inocentes.
En tu pecho está tu libertad.
En tu pecho está lo que nos hace hermanos,
la tierra que nos sustenta.
A veces somos rebeldes en la cárcel.

Si me escuchas, sabes salir de aquí.
Los velos se desvanecen.
Tus ojos se abren.
Vuelas.


Pero no te engañes, el resto del mundo seguirá por siempre dentro.
¿Me equivoco?
 
Última edición:
Poemazo, la verdad...

En la cárcel estamos todos, cada cual construye sus barrotes, se ata a algo o a alguien buscando seguridad, piso, certeza... y es absurdo, pero no está tan mal. Siempre es bueno tener algo por lo que morir.

Un gusto pasar, gracias por compartirlo.
 
El aire duele,
me desangro.
Tú te desangras.

El aire duele.
Duelen los velos ocultos que hostiles se nos ciñen.
Brutales.

Asfixiantes.

Duelen los muros absurdos,
las violentas planchas del acero más frío,
en la inmensa y ahogada
cárcel,
que poco a poco hemos construido.

Mañana, como hoy,
apretaremos un poco más nuestras manos
en el mudo intento de estrangularnos mutuamente.

Y no seré capaz de mirarte a los ojos.
Solo seguiremos matándonos.

En la cárcel.

Porque, admitámoslo,
nunca nos dimos cuenta.
Tal vez llegásemos a saber que se estaba reformando nuestro hogar,
pero no hemos sabido ver los barrotes.
Pero ahora los he visto. ¡Y tú los has visto!
¿No es así?


¿Y ahora qué?

¡REPRIME TUS ALARIDOS!
¡ESTA CÁRCEL ES LO BUENO!
¡RINDAMOS CULTO A ESTE INSOPORTABLE DOLOR!
MÁTAME, PORQUE ES LO QUE SE HACE EN LA CÁRCEL,
¡MIENTRAS YO TE MATO, PORQUE ESTAMOS EN LA CÁRCEL!
¡ESTO ES LO QUE QUEREMOS!



El aire entre tú y yo duele,
cargado de los escombros de nuestro origen,
ahora negros y henchidos de asco.

Nunca quisimos esto.
No sabemos lo que hacemos.
La cárcel es lo que nos mata,
pero fuimos nosotros quienes la levantamos,
y somos nosotros los que, somnolientos,
sonríen al despertar en ella.
Duele el aire entre tú y yo.
Esto no está bien.


Shhh...
Llora.
Ahora mira a tu alrededor.

Vamos, aún nos queda algo de melodía pura.
Aún nos quedan lágrimas sinceras e inocentes.
En tu pecho está tú libertad.
En tu pecho está lo que nos hace hermanos,
la tierra que nos sustenta.
A veces somos rebeldes en la cárcel.

Si me escuchas, sabes salir de aquí.
Los velos se desvanecen.
Tus ojos se abren.
Vuelas.


Pero no te engañes, el resto del mundo seguirá por siempre dentro.
¿Me equivoco?


Muy buenas imágenes nos regalas,
donde se reflejan momentos de la vida,
que le puede pasar a cualquier ser humano,
y que se debe llevar muy mal el día a día.
Un placer haber pasado, un beso.
 

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