Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Así la calzada se ha llenado de guijarros
que ahora son peñascos.
Desde ya una batalla que sufriremos por ganar.
El canto enervante de la bestia
ha socavado el alma de los más débiles.
Lo han exaltado sobre sus hombros
y han expurgado con ignorancia,
todo el lodo que se escurre de su labia.
Lo acercan más a ese paraíso
que con su dogma busca mancillar.
¡Pero ha llegado nuestro tiempo!
¡Hombres fuertes!
Los que abrazan su sombra y la dominan,
¡Solo de nosotros es la victoria!
Porque la claridad es de nuestra ánima y corazón,
que regrese la entereza que ofende a sus vasallos,
que no saben otra cosa que censurar.
¡Los aplastará el puño de la natura!
Los segará la hoz de la razón y nacerán de nuevo,
cuando el yugo del enjambre,
finalmente se derrengue...
Cuando recuerden una vez más,
que lo diferente es lo que nos une...
que ahora son peñascos.
Desde ya una batalla que sufriremos por ganar.
El canto enervante de la bestia
ha socavado el alma de los más débiles.
Lo han exaltado sobre sus hombros
y han expurgado con ignorancia,
todo el lodo que se escurre de su labia.
Lo acercan más a ese paraíso
que con su dogma busca mancillar.
¡Pero ha llegado nuestro tiempo!
¡Hombres fuertes!
Los que abrazan su sombra y la dominan,
¡Solo de nosotros es la victoria!
Porque la claridad es de nuestra ánima y corazón,
que regrese la entereza que ofende a sus vasallos,
que no saben otra cosa que censurar.
¡Los aplastará el puño de la natura!
Los segará la hoz de la razón y nacerán de nuevo,
cuando el yugo del enjambre,
finalmente se derrengue...
Cuando recuerden una vez más,
que lo diferente es lo que nos une...
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