Incertidumbre...

Aisha Baranowska

Poeta que considera el portal su segunda casa
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Vengo desde lejos... De un país de lluvias eternas y fríaldad del aire cuando abraza las nubes colgadas en el vacío... Donde nace y muere el amanecer - de ahí vengo; estoy en la tierra de paso... Millón veces le he preguntado a un árbol solitario, si caminará conmigo a través del tiempo - y siempre la respuesta era: no... Otros fueron tan sólo mis errores, pero eso no constituye el propósito de nuestro relato; voy a contarles una historia triste ahora - pero no lloren, porque así me parten el alma...

Anduve, anduve por los caminos nocturnos del universo callado - derramando mis lágrimas como un diluvio, y entonces, llegó un ser misterioso como el viento del oeste, y me dirigió la palabra con mucha dulzura, y me invadió el sentimiento poderoso el cual siempre he tenido que suprimir - y me dio miedo sentirlo porque no confiaba ya en nadie... Pero ese ser etéreo fue tan bueno conmigo que osé escribir sobre el mar con mi tinta azul unas líneas llenas de añoranza - y se puso feliz aquel ser angelical, y me concedió la gracia de su verso mágico, capaz de enloquecer a cualquiera... Estuve muy agradecida. Después de todo, era sólo una poesía... ¡Qué tan loca habría de estar para hallar algo más en esas líneas...! Si el destino quiera... ¿Quién sabe con certeza...?

Luego, se fue el ser de ojos como dos luceros oscuros y bellos, los que me miraban en un profundo silencio desde la pantalla de mi computadora... ¡Y su silencio me hablaba a gritos...! Tuve hambre... Hambrienta fui de lo que empezaba a percibir; lo creía - pero siempre con dudas como insectos que se comían poco a poco toda mi esperanza... Y pensé, 'Ojalá se decida... Ojalá yo sepa a tiempo... ¡Ojalá...!' - ya, no sabía ni qué pensar... Mi alma estaba hecha pedazos... El cielo en mí se había poblado de nubes y todo era una fantasmagoría imposible de descifrar por la razón y pensamiento... Mi corazón temblaba de emoción cada vez que le hablaba esa voz de cien tempestades - pero seguía confuso y sin dirección; sin saber... Y eso lo estaba matando desde que le pareció ver algo mayor y más fuerte en esas poesías; algo cuyo nombre decir no se atrevía - por temor a llevarse otra gran decepción, temor a quedar mal frente suyo, temor a ofender a ese ser lúcido de ojos severos y manera tan suave... Fue un temor inmenso, como ese azul del cielo en que me perdía sin querer ser salvada - porque justo ese divagar sin rumbo entre las estrellas para mí era una salvación, porque me sentí muy bien hablándole a este cielo sin fin - y mejor todavía escuchando mientras me hablaba...



[26/11/2013]
 

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