PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
Fernando la conoció muy tarde, cuando él ya portaba en sus cabellos la nieve de los crepúsculos invernales y la amó.
Así de simple y ella le correspondió ardientemente rodeada de las primaveras de su vida.
Ambos se encontraron tarde. No coincidieron ni en tiempo ni en lugar. Ella venía a Canadá solo para cumplir un compromiso, pero regresaría pronto a su país y él se prendió de ella al ver su reflejo en los escaparates de los vestidos de novia.
Ella venía a casarse y se lo dijo.
Pero muy a pesar de todo se amaron incansables, como si fuesen los últimos instantes de su vida.
El tenía en la mano el frasco de pastillas, lo pasaba de un lado a otro. Temía que llegara ese sábado pero fue inevitable.
Después de todo ya había vivido lo suficiente y finalmente encontró la dicha de sentirse por primera y última vez amado de manera tal, que ya nada más le importaba.
Las cápsulas eran grandes y tomarse varias le lastimó la garganta, pero no tanto como la imagen de Carolina a travesando su puerta ¡No se había casado! Regresó a buscarle. Eso fue lo último que escuchó de sus labios envueltos en gritos y lágrimas de desesperación, mientras la visión se le hizo borrosa.
Y como lo dije antes Fernando y Carolina nuevamente se encontraron tarde, no coincidieron nunca ni en tiempo, ni en lugar ©
Así de simple y ella le correspondió ardientemente rodeada de las primaveras de su vida.
Ambos se encontraron tarde. No coincidieron ni en tiempo ni en lugar. Ella venía a Canadá solo para cumplir un compromiso, pero regresaría pronto a su país y él se prendió de ella al ver su reflejo en los escaparates de los vestidos de novia.
Ella venía a casarse y se lo dijo.
Pero muy a pesar de todo se amaron incansables, como si fuesen los últimos instantes de su vida.
El tenía en la mano el frasco de pastillas, lo pasaba de un lado a otro. Temía que llegara ese sábado pero fue inevitable.
Después de todo ya había vivido lo suficiente y finalmente encontró la dicha de sentirse por primera y última vez amado de manera tal, que ya nada más le importaba.
Las cápsulas eran grandes y tomarse varias le lastimó la garganta, pero no tanto como la imagen de Carolina a travesando su puerta ¡No se había casado! Regresó a buscarle. Eso fue lo último que escuchó de sus labios envueltos en gritos y lágrimas de desesperación, mientras la visión se le hizo borrosa.
Y como lo dije antes Fernando y Carolina nuevamente se encontraron tarde, no coincidieron nunca ni en tiempo, ni en lugar ©