victolman
Poeta asiduo al portal
Increible realidad
En la apacibilidad de mi aposento yo estaba,
relajándome y pensando hace algunos años,
la puerta y la ventana solían estar cerradas,
todas las noches por el cuidado que se daba.
Irrumpiendo fuertemente una extraña fuerza,
quedando yo comprimido… como aprisionado,
sin reflejo alguno, estático y muy aterrorizado,
con todos los sentidos sumamente cambiados.
Dos seres inmediatamente se materializaron,
con finas escafandras, tenían aspecto humano
señalándome uno de ellos con su dedo a la sien,
fuertísimo dolor al cerebro y quedé inmutado.
Telepáticamente conmigo se comunicaron
transmitiendo su sentir y deseos dijeron:
“¡hemos venido a disciplinarte!”… entendí
“¡no pienses más de lo que está permitido!”
Borrando del recuerdo aquella deducción
me hicieron sentir que no tenía otra opción
poseían facultad sobre la vida y la muerte
les rogaba mentalmente y les pedía perdón.
El tiempo se borró, noche fatídica para mi
los dos seres a una se desmaterializaron
mi alma es fiel testigo de lo que me ocurrió
pues a ella la perdonaron y gran alivio le quedó.
(victolman)
relajándome y pensando hace algunos años,
la puerta y la ventana solían estar cerradas,
todas las noches por el cuidado que se daba.
Irrumpiendo fuertemente una extraña fuerza,
quedando yo comprimido… como aprisionado,
sin reflejo alguno, estático y muy aterrorizado,
con todos los sentidos sumamente cambiados.
Dos seres inmediatamente se materializaron,
con finas escafandras, tenían aspecto humano
señalándome uno de ellos con su dedo a la sien,
fuertísimo dolor al cerebro y quedé inmutado.
Telepáticamente conmigo se comunicaron
transmitiendo su sentir y deseos dijeron:
“¡hemos venido a disciplinarte!”… entendí
“¡no pienses más de lo que está permitido!”
Borrando del recuerdo aquella deducción
me hicieron sentir que no tenía otra opción
poseían facultad sobre la vida y la muerte
les rogaba mentalmente y les pedía perdón.
El tiempo se borró, noche fatídica para mi
los dos seres a una se desmaterializaron
mi alma es fiel testigo de lo que me ocurrió
pues a ella la perdonaron y gran alivio le quedó.
(victolman)
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