Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta fuerte fría brisa de mi último invierno,
arranca helada mi aspecto tenue
llevándolo a recónditos sitios de amargura,
pues esta misma tarde partiré con el crepúsculo
a cerrar la cortina al horizonte,
a heredar mi lugar con aquellos buenos recuerdos que llevo asidos en el alma.
Lejos muy lejos, donde el silencio no me escuche y la nostalgia pierda el norte de mi ausencia.
Mi equipaje lleno de versos dispersos, dispuestos a tomar sitio en una constelación de pensamientos pasados, quiere morir en tu pecho, mas esa tierra de quebranto no es fértil para mis fructíferos sentimientos de amor, a los que llenos de tristeza recurren aferrarse a mi memoria, agónica y pálida por la ausencia de sangre perdida en cada gesto fracasado.
Se deshojan mis lágrimas otoñales
cayendo en el mar de tristeza, que desnudo, rompe las olas silenciosas, llevando una canto entre las nubes del cielo de mi corazón. Partiré tan lejos que no sabré más de tu primavera, sino que seré todo invierno todo llanto.
En la postrimería agónica de este longevo romance
perfilo el corazón al dolor sentimental de un alma en fuga
en espíritu de entrega al sufrimiento incansable;
ahí voy yo, adherido a la nostalgia, arropado de melancolía que digiero en cada sorbo de desespero que ingiero como refugio a mis extensivas penas.
Ahí voy yo. Lleno de vacíos pensamientos, entre la derrota eminente y el piramidal fracaso, errante y mendigo del más miserable amor!
Ahí voy yo desfilando en mi semblante descaminados ojos vacíos de consuelo!
Ahí estoy yo, en el climax del sufrimiento, bajo un aguacero incontenible de angustia,
Sólo me cubre el destino traicionero y aislado de mi felicidad!
No le temo a la muerte
Pues ya estoy muerto de dolor...
arranca helada mi aspecto tenue
llevándolo a recónditos sitios de amargura,
pues esta misma tarde partiré con el crepúsculo
a cerrar la cortina al horizonte,
a heredar mi lugar con aquellos buenos recuerdos que llevo asidos en el alma.
Lejos muy lejos, donde el silencio no me escuche y la nostalgia pierda el norte de mi ausencia.
Mi equipaje lleno de versos dispersos, dispuestos a tomar sitio en una constelación de pensamientos pasados, quiere morir en tu pecho, mas esa tierra de quebranto no es fértil para mis fructíferos sentimientos de amor, a los que llenos de tristeza recurren aferrarse a mi memoria, agónica y pálida por la ausencia de sangre perdida en cada gesto fracasado.
Se deshojan mis lágrimas otoñales
cayendo en el mar de tristeza, que desnudo, rompe las olas silenciosas, llevando una canto entre las nubes del cielo de mi corazón. Partiré tan lejos que no sabré más de tu primavera, sino que seré todo invierno todo llanto.
En la postrimería agónica de este longevo romance
perfilo el corazón al dolor sentimental de un alma en fuga
en espíritu de entrega al sufrimiento incansable;
ahí voy yo, adherido a la nostalgia, arropado de melancolía que digiero en cada sorbo de desespero que ingiero como refugio a mis extensivas penas.
Ahí voy yo. Lleno de vacíos pensamientos, entre la derrota eminente y el piramidal fracaso, errante y mendigo del más miserable amor!
Ahí voy yo desfilando en mi semblante descaminados ojos vacíos de consuelo!
Ahí estoy yo, en el climax del sufrimiento, bajo un aguacero incontenible de angustia,
Sólo me cubre el destino traicionero y aislado de mi felicidad!
No le temo a la muerte
Pues ya estoy muerto de dolor...
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