Monica Alejandra
Poeta adicto al portal
Tu inocencia, Diosa bruna
coexistió con el íncubo,
morando en consternaciones
en el mismísimo averno.
Renacida. Renovada,
Resurgida. Revela.
A tus fatuos ensimismamientos,
incubados en tu árido corazón,
marchito, arrancado, descompuesto
de hombre niño insurrecto.
En ánfora de excelso vino,
tu vida enajenaste, timando
en cobardías, manchando la pasión
no obstante. Sollozas la resaca
Sin ánimo, tú medroso espíritu
presuntuoso, cómodo, vulgar.
Con nimiedades escudriñas. Mas,
bien sabes, todas las réplicas.
¿Aguijonean tus pústulas?
Pestíferas, atormentadas, hediondas.
¡Lámelas! vístelas de hiel.
¡Que vegeten en perpetuo rencor!
En supuración destroces tu cuerpo.
Costra de forúnculo pútrido.
Asido a mis sentidos, deslumbrado.
Por indisolubles cielos. Clamaré.
¡Agoniza!
coexistió con el íncubo,
morando en consternaciones
en el mismísimo averno.
Renacida. Renovada,
Resurgida. Revela.
A tus fatuos ensimismamientos,
incubados en tu árido corazón,
marchito, arrancado, descompuesto
de hombre niño insurrecto.
En ánfora de excelso vino,
tu vida enajenaste, timando
en cobardías, manchando la pasión
no obstante. Sollozas la resaca
Sin ánimo, tú medroso espíritu
presuntuoso, cómodo, vulgar.
Con nimiedades escudriñas. Mas,
bien sabes, todas las réplicas.
¿Aguijonean tus pústulas?
Pestíferas, atormentadas, hediondas.
¡Lámelas! vístelas de hiel.
¡Que vegeten en perpetuo rencor!
En supuración destroces tu cuerpo.
Costra de forúnculo pútrido.
Asido a mis sentidos, deslumbrado.
Por indisolubles cielos. Clamaré.
¡Agoniza!
Última edición:
::